Testigos desmienten que se tratara de quemar a un policía municipal en Bilbo.
Hasta ocho testimonios recogidos por GARA entre personas que presenciaron o participaron en los incidentes del viernes en la Plaza Unamuno de Bilbo niegan la versión oficial sobre el intento de quemar a un agente de la Policía Municipal. Uno de ellos detalla que un policía sí forcejeó con los jóvenes que intentaban quemar un contenedor y pudo ser salpicado con gasolina en ese momento, pero sin que ocurriera nada más. El alcalde sigue sin aportar prueba alguna de su tesis.

Cuatro personas que participaron en los incidentes de la noche del viernes en Bilbo han telefoneado a GARA desde entonces para dar detalles de lo ocurrido. Este diario ha logrado hablar además con otros tantos transeúntes que presenciaron lo ocurrido. Todos sus testimonios son plenamente coherentes. Y el más clarificador es éste, recogido en un bar de las inmediaciones del punto en que se produjo el encontronazo entre jóvenes y agentes de la Policía Municipal de Bilbo: «Un municipal fue a impedir a uno de los jóvenes que rociara uno de los contenedores con gasolina y en el forcejeo, a lo que se ve, se mojó algo, pero fue por casualidad, nada premeditado. Los jóvenes estaban a lo suyo».
En un bar diferente de otra calle cercana explican que «un cliente entró diciendo que había bronca, y salimos a ver qué pasaba. Vimos a unos chavales arrastrando los contenedores que están en la zona de la Plaza Unamuno que linda con la calle María Muñoz. Luego los rociaron con lo que imaginamos que sería líquido inflamable y salieron hacia la calle Prim. Fue todo muy rápido, cosa de un par de minutos. Había un municipal hablando por el walkie-talkie a unos cuatro metros o así.
Unos diez minutos después aparecieron los coches de la Policía Municipal, que se limitaron a encender las luces y bajarse. Cuando llegaron sus compañeros, el otro municipal aún seguía allí». Tras este relato detallado, el testigo concluye que «no hubo ninguna agresión» en toda la secuencia, aunque no puede precisar si en algún momento se habría derramado gasolina sobre el municipal.
Otros dos testimonios recogidos en la misma zona confirman la quema de contenedores, pero no advirtieron ningún ataque premeditado a agentes municipales.
La versión oficial, repetida sin ningún tipo de duda por la práctica totalidad de los medios de difusión y la mayoría de los portavoces políticos, afirma que fue rociado con gasolina y lo presenta como un intento de quemarlo vivo, sin explicar en ningún momento de dónde se extrae esa conclusión final.
La versión es muy parca en datos en lo que respecta a este supuesto encontronazo tildado de «intento de asesinato», que es lo que ha elevado la cuestión a primerísima plana informativa. En las comparecencias de Iñaki Azkuna no se han mostrado imágenes ni elementos como el uniforme del agente, ni ninguna otra prueba o indicio que sustente sus palabras. Tampoco hay partes médicos ni declaraciones de los agentes ni ningún testimonio directo que avale esta versión.
Rociado con un spray.
Significativamente, sí existen bastantes más detalles acerca de elementos de menor gravedad de estos incidentes, como la utilización de un «spray de autodefensa» contra uno de los agentes que abordaron a los jóvenes que quemaban contenedores. Esta acción fue reivindicada incluso en llamada a GARA por uno de ellos, que al mismo tiempo desmintió completamente que se lanzara gasolina a otro municipal. Y otras tres personas han dado cuenta de enfrentamientos con la Ertzaintza y han admitido que policías municipales se vieron envueltos en la refriega. De he- cho, fueron éstos quienes detuvieron a un joven de Sestao que luego pasó a manos de la Ertzaintza, fue enviado a prisión y liberado bajo fianza el lunes.
‘‘El Correo Español’’ daba en su edición de ayer algunos datos que concuerdan con los testimonios recogidos por GARA. Así, apunta que un policía municipal estaba hablando por el walkie-talkie y supone que los jóvenes «pensaron que estaba avisando a la Policía autonómica». Añade que fue entonces cuando «un grupo de entre 25 y 30 jóvenes que después se dispersaron» roció a un agente con el spray «en los ojos» e indica que el aerosol «habría alcanzado también a una mujer y a su hija, que paseaban por la zona». De nuevo, este relato no ofrece detalle concreto alguno en lo que respecta al confuso altercado que fue elevado a la categoría de «intento de asesinato» y, no obstante, se limita a afirmar que «vertieron una botella con gasolina sobre su compañero con la aparente intención de prenderle fuego».
El spray no provocó ningún tipo de lesiones, según se admitió oficialmente desde el inicio. No hay parte médico alguno de estos sucesos.
El alcalde, Iñaki Azkuna, quiso destacar tanto en la comparecencia del sábado como en la del lunes que el ataque había sido «premeditado», lo que fue puesto en duda incluso la portavoz de Lakua, Miren Azkarate. «Que no nos vengan con cuentos chinos», añadió anteayer Azkuna. Pero en ambas ruedas de prensa el único argumento esgrimido por el primer edil jeltzale para sustentar esta afirmación era que los encapuchados bajaron juntos por las Calzadas de Mallona y que llevaban gasolina, lo que está fuera de toda duda teniendo en cuenta la quema de contenedores y cajeros en la zona.
Pese a no aportar una sola prueba de sus acusaciones, el discurso y la actuación de Azkuna han ido dirigidos claramente a apuntalar la tesis oficial de que los jóvenes intenta- ron dar fuego al agente, algo de lo que no existe precedente alguno ni siquiera en los años de mayor virulencia de la kale borroka. Así, hoy habrá una reunión con los sindicatos tras la cual se anunciará la decisión de adquirir trajes ignífugos.
El alcance real de lo ocurrido debería quedar de manifiesto en el atestado policial, que no se ha dado a conocer por el momento. Fuentes de la Policía Municipal apuntaron a GARA que el caso ni siquiera es instruido por este cuerpo, sino por la Ertzaintza, que fue la que llevó la voz cantante en los incidentes y la que interrogó a los dos detenidos. A ninguno de ellos se le acusó de «intento de asesinato» aunque, tras el eco dado al caso, el juez de Bilbo ha preguntado ahora a la Fiscalía si hay que derivar el sumario a la Audiencia Nacional.
LAB y Junta de Portavoces.
El tratamiento dado al incidente por el alcalde tiene otra derivada: la pretensión de otorgar funciones de orden público a este cuerpo. LAB se opuso a ello ayer en una nota en la que recuerda que no es su responsabilidad «participar en operativos de carácter represivo». Además, muestra «su preocupación y rechazo contundente ante los ataques», pero sin avalar la versión oficial.
Todos los grupos con representación oficial en Bilbo condenaron ayer «el ataque de kale borroka» a los municipales. Pero en las 35 líneas de que consta la nota no se hace referencia alguna a que se produjera un intento de dar fuego a un agente, que es lo que ha puesto el caso en el disparadero.
La versión abrió informativos sin que se hiciera contraste alguno.
La versión oficial fue lanzada el viernes a las 22.00 en un escueto teletipo, pero la bola informativa echada a rodar no tardó en engordar. Antes de medianoche, en Radio Euskadi se comentaba con sorpresa que este diario y ‘‘Berria’’ no lo incluían en portada. Al día siguiente fue tema principal, entre otros, en ‘‘Deia’’, ‘‘El Diario Vasco’’, ‘‘El Correo’’ o ‘‘Diario de Noticias de Gipuzkoa’’, sin poner distancia en ningún momento respecto a la tesis de Azkuna. La «información» de ‘‘El Correo’’ comenzaba así: «La kale borroka mostró ayer en Bilbo su cara más cruel, en una acción del más crudo terrorismo callejero que puso en peligro la vida de un miembro de la Policía Municipal. Una decena de encapuchados roció al agente con gasolina e intentó prenderle fuego».
Se catalogaba como «el episodio más grave desde el inicio de la tregua». En medios como la Cope se criticó con dureza a ‘‘El País’’ por no tildarlo de «intento de asesinato».
Existe otro dato llamativo en el tratamiento informativo del caso. GARA ha logrado testimonios de testigos sin excesiva dificultad, pero en otros medios no ha aparecido uno solo pese a que el fin de semana el trasiego de cámaras y reporteros por la Plaza Unamuno fue muy evidente.
En general, la noticia se complementó con las declaraciones hechas horas antes por Arnaldo Otegi sobre la kale borroka, y no tardó en deparar declaraciones y editoriales que le responsabilizaban de lo ocurrido. ANV denunció la campaña contra Otegi y «el montaje policial-mediático».
¿Por qué quieren tantos que intentaran quemar a un municipal?.
La versión oficial era que un grupo de encapuchados intentó quemar a un policía municipal el pasado viernes en Bilbo, lo que fue impedido por sus compañeros «ayudados de comerciantes y hosteleros de la zona». Pero si se repasa lo publicado hasta la fecha, no hay ningún testigo que narre esos hechos. GARA ha conseguido finalmente contactar con testigos directos de lo ocurrido y la versión es muy distinta a la mantenida oficialmente. No hubo intento deliberado de quemar a un policía municipal. El agente «fue a impedir que quemaran un contenedor y se mojó en el forcejeo», según relata quien vio lo ocurrido. Incluso existe la reivindicación de quien roció con un spray a otro municipal y desmiente que se intentara quemar a nadie. Esto no supone que lo ocurrido no fuera grave, pero su lectura política es muy distinta. Pese a todo, el supuesto intento de quemar a un municipal del que tampoco hay ninguna constancia judicial ha sido dado por cierto por una gran parte de la clase política y acompañado de graves juicios y acusaciones. El alcalde de Bilbo, Iñaki Azkuna, ha sido quien ha liderado este suceso inexistente para atacar a la izquierda abertzale. ¿Por qué tanto interés en añadir nuevos obstáculos a un proceso que de por sí tiene ya bastantes? ¿Y por qué desde una alcaldía del PNV? En estas circunstancias también tiene interés analizar el papel de determinados medios de comunicación, más abonados al escándalo que a la verdad.
Txotxe Andueza.
Miente, que algo queda.
El botánico holandés Hugo Marie de Vries, padre de la teoría del mutacionismo, que fue criticado públicamente por haber copiado las tareas a Mendel, clasificó así a los mentirosos: «El niño es mentiroso en la medida en que sus fantasías se hacen presentes para confundirlas con realidades. El adoles- cente lo es cuando su encuentro con el mundo real le causa frustraciones. El joven miente porque no se ve capaz de afrontar las verdades que le contrarían. El adulto es mentiroso cuando no ha superado los obstáculos que le ha puesto la vida, y engaña para sentirse el triunfador que nunca ha sido. Y el anciano miente cuando no se perdona los errores que ha cometido a lo largo de su existencia». Si sus referencias bibliográficas son ciertas, a buen seguro él mismo se situaría en alguno de los grupos mencionados. Pero hay otros mentirosos que no entran en su clasificación: quienes mienten a sabiendas de que mintiendo así hacen daño al interés general, saquen o no provecho personal de su mentira. De esos mentirosos ha habido muchos y bien conocidos se atribuye, por ejemplo, a Pinochet, esta frase para explicar su afición a las gafas oscuras: «La mentira se descubre por los ojos, yo muchas veces mentía». Y no nos libramos de ellos en la actualidad.
En el aquí y ahora de la política vasca se dicen muchas mentiras. Mentiras que buscan hacer el mayor daño posible y que pueden hacerlo si consiguen el propósito del mentiroso que las propaga. Mentir y repetir la mentira hasta que a fuerza de decirse y escucharse se eleve al rango de verdad es una vieja estrategia que, sin embargo, a algunos les sigue siendo tremendamente útil a sus fines. Algo que Azkuna debe saber bien, visto las cosas que viene diciendo desde el viernes.
Otro ejemplo. Alguien se encargó de llevar a sus pancartas ante la Audiencia Nacional una canalla mentira sobre Iñaki de Juana: su huelga de hambre no fue sino una especie de dieta blanda. Como prueba de la eficacia de la estrategia goebbelsiana, hasta algún intelectual de la progresía española, de espíritu crítico y generalmente bien informado, repite negro sobre blanco la bazofia. Pide que, si es mentira, se lo desmientan. Que pregunte a los poderes del Estado que tomaron la decisión de la alimentación forzosa, sabedores de la coherencia y credibilidad de quien entonces, como ahora, está dispuesto a morir antes que seguir siendo rehén en sus manos.
Siete meses de escándalos mediáticos:
Barañain, primera llamada a parar el proceso.
Justo un mes después del alto el fuego de ETA, el 22 de abril desconocidos dieron fuego a una ferretería propiedad de un edil de UPN en Barañain. Miguel Sanz hizo desde allí una demanda formal, la primera, al presidente español para que frenara cualquier proceso de paz. El Ejecutivo se encontraba entonces en la llamada «fase de verificación» y reclamó prudencia, pero el PP ya no daría un paso atrás en su exigencia a Zapatero. El Gobierno situó más tarde el incendio como un sabotaje sin connotaciones políticas ni ligazón alguna con ETA, como llegaba a sostener el PP. Se formularon innumerables llamamientos a Batasuna.
Arrestos con mensaje del PNV en Orereta.
El 19 de setiembre, el mismo día en que el PNV había instado a Batasuna a evitar la kale borroka como condición para avanzar, la Ertzaintza detenía en Orereta a Roberto Benito y Pablo César Carral acusados de un ataque a EuskoTren. Sus vecinos remarcaron con rapidez que eran inocentes. El juez Garzón los dejó en libertad dos días después tras exculparles y evidenciando que habían sido arrestados 27 minutos después del ataque y no 5, como indicaba la Ertzaintza. La izquierda abertzale de Orereta acusó al PNVde intentar apuntalar la estrategia del PSOE.
Filtración de la Guardia Civil en Zarautz.
Tras el «inventario» de las herriko ordenado por el Tribunal Supremo, casi todos los partidos se hicieron eco de la filtración por la Guardia Civil del supuesto hallazgo de un informe con datos de concejales.
Inmediatamente se dirigieron llamamientos públicos a la izquierda abertzale para que se posicionara al respecto, pese a que los responsables del local rechazaron tener conocimiento del supuesto documento. Se promovió incluso una concentración ante el Ayuntamiento, en la que todos se retrataron frente a Batasuna.