Barcelona, un punto de inflexión en la lucha contra la tortura. Julen Arzuaga es miembro de EHko Giza Eskubideen Behatokia y Aiert Larrarte es miembro del TAT.
- Comencemos haciendo una valoración sobre todos los elementos que aparecieron en las Jornadas e intentar así visualizar el punto de inflexión que han podido marcar de ahora en adelante en esta lucha.
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- La impunidad de la tortura. Carlo Frabetti - Matemático y escritor (Resumen de la intervención en las Jornadas sobre Prevención de la Tortura, celebradas en Barcelona los dias 3 y 4 de febrero de 2006).

Este fin de semana se han celebrado en Barcelona las “Jornadas sobre la Prevención de la Tortura, la implantación del Protocolo Facultativo contra la Tortura y las recomendaciones del Relator de la ONU”, organizadas por la Coordinadora para la Prevención de la Tortura. En dicho grupo participan varias organizaciones vascas Eskubideak, Etxerat, TAT; Behatokia, Salhaketa, precisamente para incidir en un momento clave: el debate abierto ante la firma, próxima ratificación y posterior implementación por parte del Gobierno español del Protocolo Facultativo de Naciones Unidas. Tomando como base las contundentes recomendaciones emitidas por el anterior Relator para la Tortura, Theo van Boven tras su visita al Estado español en 2003 se produjo el importante debate de ¿cómo llevarlas a la práctica? ¿cómo avanzar en el camino práctico de la erradicación? ¿ayuda para ello el Protocolo Facultativo? Este instrumento internacional supondría la creación de un mecanismo para la supervisión, el control, la prevención de la tortura: el diseño de un comité internacional y otro estatal que, por medio de un sistema de visitas pueda cerciorarse de la situación real de la tortura. Un sistema que permita levantar la tapa al cubo de la basura para ver lo que hay dentro. Somos conscientes de que este sistema no lo es todo, pero puede ser algo y está por diseñar.
Comencemos haciendo una valoración sobre todos los elementos que aparecieron en las Jornadas e intentar así visualizar el punto de inflexión que han podido marcar de ahora en adelante en esta lucha.
A nivel de contenidos se mencionaron todos y cada uno de los aspectos de preocupación que comparten los diferentes participantes: desde la casuística y práctica concreta hasta el sistema que la ampara. Así, se hizo un recorrido por la tipología de la tortura y los malos tratos que abarcaría desde la brutalidad policial hasta el aislamiento en las cárceles, desde la dispersión de presos vascos hasta los métodos de tortura practicados durante el periodo de incomunicación. Precisamente un tema de consenso fue el considerar la aplicación de la legislación especial antiterrorista como sistema principal, como mecanismo legalizado de tortura. En conexión con ella, la utilización que hace de la tortura la Audiencia Nacional así como la validez que otorga a los testimonios arrancados bajo tormento como evidencia inculpatoria. También se profundizó en la nula actividad de los tribunales a la hora de realizar investigaciones efectivas, su actitud militante para no llegar a una sentencia condenatoria o simplemente su cobardía porque este hecho conllevaría un obstáculo insalvable en su carrera judicial. Por último, cerrando el círculo de la impunidad, se puso sobre la mesa la práctica de denunciar al denunciante por calumnias o falso testimonio y su salto cualitativo, por colaboración con organización armada y la ignominia del indulto o el perdón administrativo al torturador.
Por tanto, a nivel interno se visualiza una sintonía entre los convocantes, entre los ponentes y participantes. Si bien cada cual mantiene sus matices determinado por la realidad de la que procede, se puede considerar que los objetivos e incluso prioridades parecen ser compartidos.
Pero también a nivel externo las organizaciones que componen la Coordinadora han afianzado su presencia y han reflejado su capacidad organizativa y discursiva cada cual en su ámbito nacional o autonómico pero ahora también en el plano estatal e internacional y se presentan como interlocutor ineludible si alguien pretende dar pasos reales para la erradicación de la tortura. Ahora con el amparo además de personalidades y organizaciones internacionales de reconocido prestigio. Es evidente, pues, que se ha conformado un nuevo espacio de cara a la opinión pública. Las organizaciones que componen la Coordinadora son las que están en contacto directo con las víctimas de la tortura, las que trabajan sobre el terreno y están dispuestas a bajar de los despachos a los centros de detención, a las cárceles y llevar sus denuncias a la calle. Estas organizaciones tienen la información real y exhaustiva de lo que sucede frente a otras organizaciones e instituciones de derechos humanos, oficiales o no gubernamentales, que se han demostrado inoperantes en la materia. Los grupos que conforman la Coordinadora han organizado en definitiva la visualización y denuncia del fenómeno de la tortura. Y lo han hecho con éxito.
Se abre ahora un nuevo debate paralelo: el de la prevención. Este aspecto no es nuevo, pero en la vertiente que ofrece el Protocolo Facultativo comienza a configurarse y desde nuestro punto de vista no podemos perder la oportunidad de ser los protagonistas. Somos conscientes de que los mecanismos de prevención no tendrán ninguna viabilidad si no hay una voluntad real de erradicar esta práctica. Somos conscientes asimismo de que esto solo puede conseguirse en toda su extensión con la abolición del sistema que ampara al fenómeno de la tortura. Pero aún así el Protocolo nos dota de instrumentos, mecanismos para acercarnos más a esa realidad, para ver que sucede en los espacios más opacos del poder. Y queremos estar ahí presentes, valorando los retos que se abren y sus riesgos. Queremos participar en los comités que prevé el Protocolo Facultativo y levantar el velo de los espacios opacos de detención. Esta es la prueba de fuego para conocer si las autoridades que lo firmaron y próximamente lo ratificarán tienen realmente intenciones de ir adelante en una dinámica de prevención. Y si no es así y sólo lo hacen de cara a la galería internacional para que todo siga igual, denunciarlo. Si quieren la presencia activa de la sociedad civil en esos comités o si simplemente quieren colocar a sus comparsas, sus amigos amaes- trados, para darle una apariencia de buena voluntad y mientras mantener la alcantarilla bien cerrada. Tenemos abierto el camino hacia delante, pero si es que se prevé la posibilidad de manipular la implicación social, tenemos cubierta la retirada. Y precisamente está cubierta porque las personas que conocen el fenómeno de la tortura de cerca víctimas directas, familiares y círculos de amistades, militantes de las organizaciones que trabajan con ellos y organizan la denuncia, técnicos del derecho, de la asistencia médica o psicológica no están dispuestas a trampas en una cuestión que tanto dolor genera.
Precisamente, la movilización que este sábado, día 11, plantea el colectivo de torturados y que llenará las calles de Donostia nos demuestra que hay una presión social que no está dispuesta a cejar en esta lucha hasta la completa desaparición de la tortura. Hasta la completa desaparición de la práctica y del sistema que la encubre.
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La impunidad de la tortura. Carlo Frabetti - Matemático y escritor (Resumen de la intervención en las Jornadas sobre Prevención de la Tortura, celebradas en Barcelona los dias 3 y 4 de febrero de 2006).
La impunidad de la tortura la convierte en una cuestión política. Si la tortura no quedara sistemáticamente impune, estaríamos frente a un problema fundamentalmente legal: se trataría, en el marco de un Estado de derecho, de velar por la adecuada aplicación de las leyes que permitieran combatirla eficazmente. Pero los torturadores casi nunca son condenados, y las pocas veces que lo son, no cumplen las penas (que, además, suelen ser ridículas). Y esta impunidad sistemática (o sistémica, puesto que es una estrategia del sistema tendente a quebrar toda forma de disidencia) sólo es posible con la complicidad de los tres poderes legislativo, ejecutivo y judicial--, junto con la del llamado cuarto poder: los medios de comunicación, que con su silencio y sus tergiversaciones contribuyen de forma decisiva a ocultar esta gravísima lacra social (y política, sobre todo política) a los ojos de la opinión pública.
Por lo tanto, quienes pretendemos erradicar la tortura no estamos trabajando por mejorar una democracia imperfecta, pero democracia al fin y al cabo, como creen algunos: estamos luchando, simple y llanamente, contra el terrorismo de Estado, y nuestra lucha sólo puede adquirir pleno significado y eficacia en el marco de una batalla política, que, en última instancia, es una guerra sin cuartel contra el neoliberalismo, es decir, contra el capitalismo.
Esta batalla se libra en varios frentes, y uno de los más importantes es el de las ideas, es decir, el de las palabras. El mero hecho de hablar de «democracia» en un país en el que se tortura impunemente es un insulto a los miles de víctimas directas del terrorismo de Estado. El mero hecho de aplicar el término «terrorista» exclusivamente a quienes se defienden del terrorismo de Estado es un insulto a la razón (e incluso al diccionario, donde se dice claramente que terrorismo es la dominación mediante el terror, no cualquier acción que cause dolor y/o alarma social desde la clandestinidad). Esto no significa, ni mucho menos, que todas las reacciones contra el terrorismo de Estado sean justificables; pero llamar, por ejemplo, «terroristas islámicos» a quienes se defienden como pueden del terrorismo judeocristiano, es una forma de terrorismo lingüístico. Por no hablar de la demonización de ETA y de su supuesto «entorno». Como dice Alfonso Sastre, llamamos «terrorismo» a la guerra de los pobres y «guerra» al terrorismo de los ricos.
Cuando la dominación se ejerce con palabras tanto como con armas, tenemos la obligación moral y política de desarrollar, articular y difundir un discurso alternativo. Y de respetar a quienes, víctimas de las palabras y de las armas del poder, no se resignan a defenderse sólo con las palabras.
Carlo Frabetti - Matemático y escritor (Resumen de la intervención en las Jornadas sobre Prevención de la Tortura, celebradas en Barcelona los dias 3 y 4 de febrero de 2006).