Los presos y refugiados políticos vascos. Antxon Mendizabal.
Los presos y refugiados vascos son la consecuencia y expresión actualizada de un combate que se pierde en los tiempos de la destrucción del Reino de Navarra y que en los últimos 200 años ha generado tres guerras convencionales y una resistencia armada. Son la expresión de una política de los estados español y francés de destrucción, primero de nuestras instituciones políticas propias, y de aniquilación progresiva de nuestras libertades después. Son la expresión de una política de sojuzgamiento, de devaluación de nuestra humanidad y de aniquilamiento político cultural de nuestro pueblo. Se trata de un progresivo genocidio, cuyo objetivo es borrar del mapa la existencia de un pueblo diferenciado.

Los presos y refugiados políticos vascos son también la expresión actualizada de una rebelión contra ese estado de cosas; de lucha por la recuperación de la humanidad perdida y de recuperación de nuestra cualidad de personas que quieren recuperar su condición de sujeto individual y colectivo para participar en la construcción social, política, económica, cultural y ética de la comunidad humana.
Una odisea en defensa de la humanidad avasallada y de la libertad, en la que los sucesivos contenidos precapitalista, democrático, socialista y revolucionario, marcan la impronta del proceso histórico. Un combate que hoy queremos, y más que nadie los presos y refugiados, que sea por la paz. Para la puesta en marcha de una sociedad realmente democrática donde para hombres y mujeres reine la participación, la igualdad, la libertad, el respeto por la diferencia, el respeto por la tierra y la solidaridad. Un nuevo reinado de los derechos en el que se reivindique que por encima de los imperios y de los actuales estados-imperio, las personas y los pueblos somos iguales en derechos. Por una sociedad que reconozca nuestra autodeterminación, nuestra territorialidad y nuestra realidad de nación diferenciada. Por una nueva sociedad que reivindique, aquí y en cualquier lugar de nuestro mundo, derechos para todos y todas, personas y pueblos, de la colectividad humana.
En la metodología expuesta, los presos vascos resultan ser sujeto excepcional y cualitativo del Proceso de Paz. La ignominia realizada durante décadas a este colectivo le convierte en sujeto preferente en la aplicación de los derechos. Es por ello que el reconocimiento oficial de su calidad de prisioneros y exilados políticos y el fin de la política de dispersión se convierte en una prioridad de esta política integral que quiere resolver un conflicto de carácter histórico.
Es más, no es posible un tratamiento integral al problema de los derechos si no se considera al colectivo que está encarcelado por haber estado particularmente sensibilizado con la violación estructural de los derechos. Puesto que como magníficamente ha sido expresado en las conclusiones de la Conferencia Internacional de Solidaridad con los Presos y presas Políticos organizado por el Movimiento pro Amnistía de Euskal Herria en Mayo del 2004, «la decisión que toma una persona de incorporarse a la lucha viene de la violencia que sufren su persona, su entorno social y su pueblo».
Y ello convierte también a este colectivo en un sujeto privilegiado para hacer emerger esas violaciones estructurales de derechos y orientar adecuadamente su superación. Es más, para todo progresista y/o demócrata que sabe que en el tratamiento de los conflictos lo fundamental es la «terapia de las causas», esto viene a ser «decisivo». Esta actitud es la que diferencia a un o una militante de la paz de un militante de la violencia y de la opresión, es decir, de un pacificador o pacificadora.
Por mucho que pese a los estados dominantes e incluso a algunos sectores de «izquierda» y «nacionalistas» que aquí y ahora legitiman la opresión, el derecho a la resistencia contra la opresión y la tiranía es un derecho humano de primera magnitud. Los presos y exilados políticos vascos representan, desde la lógica del pueblo oprimido, la síntesis de los grandes valores éticos, como la valentía, la defensa de la justicia, el compromiso con el pueblo, el amor al pueblo, el amor a la libertad, el odio a la opresión, etc... que grava con letras de fuego la ética con mayúscula de la vida de los pueblos.
Más todavía, frente a una represión y opresión salvaje por parte de los estados y una deslegitimación sistemática e infame de los medios de comunicación, se han mantenido como «colectivo de presos y presas» y «colectivo de refugiados y refugiadas». Ellos y ellas son tal vez el colectivo más básico y fundamental para participar en un tratamiento integral de los derechos, y para avanzar de verdad en un camino social y político encaminado hacia la paz. Si se superan progresivamente las razones y causas políticas del conflicto, surge la posibilidad y la obligatoriedad de hacer realidad la «amnistía general»; puesto que como se manifiesta en las conclusiones de la Conferencia Internacional «todos los ciudadanos y ciudadanas represaliados como consecuencia del conflicto no encontrarán motivo o razón para volver a sufrir esta situación».