Presunto culpable, presunto inocente. Editorial Gara.
La detención de Xabier Pérez Susperregi ha vuelto a poner sobre la palestra la activa implicación de las autoridades francesas en contra de un colectivo, el de los refugiados vascos, que ha hecho una apuesta abierta por una resolución del conflicto en las claves planteadas hace más de un año en Anoeta. La detención, sin la más mínima base judicial, de este ciudadano vasco ha dejado al descubierto la especial inclinación de la Policía francesa por situarse en la primera línea en contra de los sectores que mantienen un compromiso más explícito por alcanzar en Euskal Herria una situación de paz basada en el respeto de todos los derechos para toda la ciudadanía.

Haciendo oídos sordos a los emplazamientos que se le dirigen para que aporte a la construcción de ese proceso, París prefiere hasta la fecha ejercer de ariete de la persecución, incluso aunque, como en el caso de Susperregi, deba luego dar marcha atrás al haber procedido al arresto a bombo y platillo de una persona con la que la Audiencia Nacional española no tiene causas pendientes. Poco importa el daño que se haga: se detiene a un padre a las puertas de la ikastola de Baiona en que estudia su hijo y se expanden sin reparo alguno sus datos personales y su imagen. A este ciudadano, como a tantos otros antes, se le aplica la presunción de culpabilidad. Ello resulta más llamativo cuando en el mismo herrialde, otro hombre apaliza durante tres días a una mujer hasta matarla, lo que, sin embargo, no ha llevado a difundir ni su nombre ni su rostro. A ese «hombre anónimo», el que mató en Hendaia a Begoña Bohoyo, la Ertzaintza, el juez que de entrada decretó su libertad y los medios de comunicación le aplican la presunción de inocencia.
Hecho este apunte, que deja patente, en una de sus muchas vertientes, la falta de igualdad de derechos en Euskal Herria, resaltar la aparente independencia de criterio con que se han conducido los policías franceses en el arresto de Xabier Pérez Susperregi. Sin olvidar que otros dos ciudadanos vascos, Ekain Rodríguez y Jon Garmendia, están detenidos a la espera de que se resuelva su euroorden, habrá que esperar que, en el año que comienza, París deje atrás su particular apuesta policial para sustituirla por una reflexión política propia que le lleve a valorar las implicaciones, sin duda positivas, que tendría también para la República francesa su contribución a la consecución de un escenario de paz y democracia en Euskal Herria.