La persona y el colectivo. Txotxe Andueza.
El Foro de Ibaeta ha vuelto a poner en marcha los resortes de presión social a favor del respeto de los derechos de presos y presas. La manifestación que los 29 organismos participantes del Foro convocaron para este sábado no para de concitar compromisos y voluntades, lo que significa que en lo que se refiere a la solidaridad, las pilas seguían cargadas y sólo hacía falta un motor capaz de poner el engranaje en marcha.

“Eskubideak bermatzeko, konponbidea sustatzeko” es el nombre del documento de demandas en torno a las que los colectivos reunidos en Ibaeta lograron un acuerdo. El llamamiento a la manifestación recoge esos puntos, que van desde la reclamación del fin de la tortura y los maltratos, el derecho a la salud, a la comunicación, a los derechos lingüísticos, a la educación, a la maternidad y la paternidad, y a la libertad, hasta los relativos al colectivo que engloba a los presos políticos vascos, reconociendo su interlocución, su libertad para mantener relaciones con otros agentes y su opción y libertad de participación en los ámbitos de debate y decisión de que se dote la sociedad vasca.
Cabe pensar que, a pesar de la amplitud de esta tabla reivindicativa, ni serán todos los que están ni estarán todos los que son, es decir, que habrá, entre quienes suscribieron el llamamiento y entre quienes se adhieren al mismo, quienes piensen que faltan reivindicaciones y quienes se conformarían con que aparecieran las que en cada caso consideren más básicas. Todos ellos, sin embargo, parecen compartir el deseo de aunar voluntades como forma de dar pasos en la resolución de los graves déficits de derechos que genera la política penitenciaria aplicada específicamente a los presos políticos vascos.
Pero hay quien últimamente subraya una y otra vez una idea basada en reconocer los derechos individuales de los presos y presas pero rechaza los del colectivo en el que se enmarcan, que rompe con esa voluntad común. Es un apoyo envenenado, porque pretender que los presos afronten la cárcel «de uno en uno y con el carnet de ‘interno’ en la boca» es condenarlos al aislamiento, a la batalla desigual contra Goliat, a la aplastante lógica del «divide y vencerás». Frente a esa discriminación de derechos de la persona y del colectivo, en las calles de Bilbo volverá a reclamarse que tienen derecho a agruparse, y que en esa unión está la fuerza que puede garantizar sus derechos.