ENTREVISTA: «El Colectivo tiene la mano tendida pero no apoyará una seudosolución». Jon BITORIA, Benantzio SEBASTIAN, Unai ERREA, Jean-François LEFORT - Ex presos políticos vascos.
Recién salidos de prisiones de los dos estados, Bitoria, Sebastián, Errea y Lefort han recalcado a GARA (www.euskalherria.com) que el Colectivo de Presos está dispuesto a apoyar un proceso de resolución, pero no una «seudosolución». Recalcan que para hacer esa aportación es necesario que se reconozca su estatus político igual que se hace al negar de facto sus derechos día a día en las cárceles. Y animan a partidos y estados a «entender que los presos pueden ser un activo, no una carga».

Han salido de prisión en los últimos dos meses. Para Jon Bitoria y Benantzio Sebastián, atrás quedan 18 y 20 años en prisiones españolas. Al otro lado del Bidasoa, pero también muy lejos de Euskal Herria, Unai Errea y Jean-François Lefort han sufrido en carne propia durante el último año la realidad carcelaria que sobrevolaban a diario como abogado y portavoz del movimiento pro amnistía, respectivamente. GARA ha reunido estos cuatro enfoques para tratar de reconstruir el cuadro actual de la política penitenciaria y la posición del Colectivo de Presos Políticos Vascos, en un momento político importante y a apenas semana y media de una cita crucial: la manifestación del 7 de enero en Bilbo.
Antes que nada, ¿cuál es la situación que han dejado al otro lado de los muros?.
Benantzio SEBASTIAN: Más o menos, la misma que siempre. El PSOE ha continuado la política del PP. Con sus palabras da a entender que es más suave, pero no es así. Daré un ejemplo:con el PP no nos metían partes por hacer protestas, pero ahora sí. Yo se lo hice ver al jefe de seguridad en Picassent-III(Valencia) poco antes de salir, y me contestó que eran órdenes de arriba y que ellos no tenían margen, no querían pillarse los dedos. Yotro dato es que en esta última etapa nos estaban cambiando de celda y de módulo. Todo con palabritas muy bonitas, eso sí.
Jon BITORIA: Hay cosas que se han acentuado. Por ejemplo, los recortes a las visitas de amigos. En Granada acaban de poner como tope diez personas; en otras cárceles son seis, cuatro... Para comunicar con la gente cada vez hay más problemas, y en el tema sanitario aumentan las trabas para poder estar con los médicos de fuera, que es un derecho nuestro. Y yo he visto un gran cambio sobre todo en la cuestión de los juzgados de Vigilancia Penitenciaria: antes cada prisión tenía el suyo, pero desde que eso se centralizó, con Gómez Bermúdez, no hay una sola resolución a favor de nuestros derechos.
¿Y en el Estado francés?.
Unai ERREA: La realidad ha cambiado totalmente en cuatro años. Cuando yo empecé a trabajar como abogado había 60 presos en el Estado francés, y ahora hay 160. Su actitud siempre ha sido de colaborador, pero ahora se ha implicado mucho más: encarcela a más gente, potencia la dispersión... Han empezado a desplazar incluso a los presos preventivos que estaban en París al norte, al sur, al este y al oeste, a más de mil kilómetros. Y han metido a muchos presos en aislamiento sin ninguna razón, de forma absolutamente arbitraria, sólo para fastidiar. ¿Y las comunicaciones? Es sabido que no existe ningún criterio para conceder permisos de visita por parte de los jueces. Normalmente, hay visitas de familiares y punto, nada más. Algunos tienen sólo tres permisos.
En su caso conocía la situación como abogado, pero ¿qué sorpresas ha encontrado dentro de las prisiones?.
U.E.: Lo más llamativo ha sido descubrir la imagen que tienen los vascos dentro de la cárcel, su dignidad, el respeto que se les tiene. Saben que son gente legal, consecuente, que están ahí por sus ideas... Y en ocasiones, por eso mismo hay una actitud más dura. Pero eso lo puede explicar mejor Lof...
Jean-François LEFORT: Sí. Por ejemplo, en febrero los funcionarios agredieron a nuestro portavoz en La Santé, Angel Cruz, y lo hirieron. Entonces nombramos a otro, y a éste lo trasladaron. Hay un ataque continuado. Se basa en aislar al Colectivo respecto a sus familiares, a sus amigos, a Euskal Herria, con el objetivo de minimizar su importancia política.
¿Estas actitudes prueban entonces que se asume el carácter político del Colectivo?.
B.S.: Los funcionarios en el Estado español nos respetan mucho más que al resto de presos: saben que no entramos en su juego, que no andamos con regateos. Los presos comunes también nos respetan. El PP intentó enfrentarlos con nosotros y no consiguió casi nada.
J.B.: De facto está claro que aceptan que tenemos nuestros interlocutores, porque cuando hay problemas acuden a ellos.
U.E.: Saben que no han podido romper al Colectivo ni ponerlo de rodillas. Por eso, el Estado francés ha dado otro paso que ya había dado el Estado español, que es golpear también a la solidaridad externa: ahí están las diligencias contra el movimiento pro amnistía, la detención de Lof, la criminalización de los abogados... Todo eso lo hacen porque saben que no pueden con el Colectivo.
Se menciona muchas veces la colaboración entre los dos estados. ¿El francés aprende del español? ¿Hay ejemplos de ello en el día a día de las prisiones?.
J.F.L.: No diría eso exactamente. El Estado francés tiene su historia propia contra Euskal Herria, no sólo hace seguimiento del español. Hace más de 200 años ya rechazaron el Departamento Vasco y con ello la existencia de Euskal Herria, y hoy día saben también perfectamente que tienen un problema político, aunque De Villepin diga que es un conflicto de España. El Estado francés tiene su propia línea de actuación contra Euskal Herria. Ahí están las nuevas leyes que están impulsando para aumentar la incomunicación, centralizar el seguimiento de las condenas, aumentar las penas de cárcel por «colaboración»... Dicen que es para los islamistas, pero cuando vemos las cifras comprobamos que las sufren en su mayor parte los vascos.
¿Se puede confirmar que en la medida en que se abren perspectivas de solución los dos gobiernos incrementan la presión sobre los presos?.
B.S.: Lo que está claro es que no dan nada, todo hay que arrancárselo. Que se dejen de palabras, vamos a los hechos. Y el paso sería conceder el estatus político a los presos y traerlos a Euskal Herria.
J.B.: Viendo los casos de Iñaki de Juana o de Unai Parot, queda muy claro que buscan hacer reformas para impedir que estos presos salgan a la calle. ¿Para qué? ¿Con qué objetivo? Eso lo sabrán ellos. Lo que está claro es que no han relajado su política carcelaria para nada.
El PSOE, por ejemplo, sí parece más abierto que antes en conceptos como el diálogo entre partidos. ¿Por qué no en la cuestión de los presos?.
J.F.L.: Siguen la represión, las detenciones, las torturas, los vetos a manifestaciones... Los únicos pasos los ha dado la izquierda abertzale. Por el otro lado hay palabras, pero en Euskal Herria las palabras están ya de sobra.
U.E.: El PSOE dice, por ejemplo, que hay una puerta abierta, pero vemos que la Guardia Civil sigue machacando a ciudadanos vascos y que se extienden las condenas hasta la cade- na perpetua. Y aquí arriba, De Villepin dice que el problema no va con él, pero al mismo tiempo utiliza la euroorden, siguen las entregas ilegales, la dispersión... No es casualidad, desde luego. Está claro que buscan usar a los prisioneros como moneda de cambio, y por eso llevan la situación hasta el último extremo.
Y si las cosas siguen así, ¿la cuerda se puede romper? ¿Hasta dónde están dispuestos a aguantar los presos?.
J.B.: El Colectivo tiene muy claro cuál es su función en este momento. Sabe que es importante y que quiere ser un agente en este proceso, y que para eso se tienen que garantizar sus derechos. Para poder llegar a una solución, hay que pasar por ese punto.
J.F.L.: Mirándolo con perspectiva, llevan 25 años machacando a los presos y nunca han conseguido romper el Colectivo. Ha sido siempre un agente referencial para Euskal Herria en toda esta lucha y seguirá siéndolo. Si hay una solución, daría su aportación en ese terreno. Pero si no, seguiría trabajando como Colectivo, al igual que ha hecho en estos 25 años. Los estados lo deben tener claro. Es un agente, haya proceso de resolución o no lo haya. Si no lo hay, seguirá como hasta ahora, haciendo frente a todas las situaciones que se le presenten.
B.S.: Los que tenemos una trayectoria larga hemos visto bien cómo el Colectivo ha superado la dispersión. Cuando estábamos todos juntos, había más relajación. La propia dispersión ha obligado a quien estaba solo a superarse y a hacerse más fuerte, porque si no lo machacaban. La dispersión ha hecho daño, pero también ha dado mucha fuerza. ¿Si se puede pudrir el proceso si no hay movimientos? Sí, se puede pudrir. Pero hay que tener claro que el Colectivo siempre estará ahí, de una forma u otra.
J.B.: La dispersión es una iniciativa represiva, pero también es una iniciativa política. Y políticamente no han sacado ningún rendimiento. Eso lo saben bien, y la mantienen ahora sólo para hacer daño.
U.E.: El Colectivo tiene las cosas muy claras, sabe cuál es el camino y no va a dar pasos hacia atrás. En ese proceso habrá avances, retrocesos, parones, de todo, pero nunca va a retroceder.
El proceso político actual a veces se hace difícil de seguir incluso desde la calle. En prisión tiene que ser más complicado...
J.F.L.: Hay instrumentos y hay debates. Por ejemplo, la lucha por el estatus político, con acciones en los últimos viernes de mes en las prisiones. No pedimos permiso a los estados para tener esos instrumentos, nunca lo haríamos. Hemos trabajado con Udalbiltza, hemos aportado al Foro de Debate Nacional, ahora al proceso Bide Eginez... Y el estatus político es algo que se debe trabajar también fuera, en Euskal Herria. Para eso, los agentes vascos tienen que saber y tienen que contactar con nuestros interlocutores, pueblo a pueblo, barrio a barrio, cada uno con sus presos, rompiendo el aislamiento. Así construiremos el estatus político, aunque los estados no lo reconozcan.
U.E.: Recibimos información política y participamos en debates. En este sentido, no hay ningún aislamiento.
Puede haber quien se cuestione la insistencia en reclamar el estatus político por parte de los presos, y pueda opinar que como interlocutores ya existen partidos y otras organizaciones que pueden trabajar desde la calle, con más libertad y medios. ¿Qué le dirían?.
U.E.: Que en el Colectivo hay muchos militantes, cerca de 700, y entre ellos hay muchos que tienen mucha experiencia política. Hay gente que lleva 40 años de lucha ininterrumpida. Todo ese capital no se puede desperdiciar. Y, en cualquier caso, este Colectivo tiene tanta legitimidad como cualquier otro para dar su punto de vista.
B.S.: Todos los colectivos son importantes:los presos, los jóvenes... Y estoy seguro de que entre todos habrá un entendimiento si el proceso va para adelante. Pero para eso hace falta que el contrario quiera.
J.F.L.: Simplemente, si se quiere hacer un proceso democrático todos los colectivos y todos los ciudadanos tienen que tomar parte. También el de los huidos, por ejemplo.
En el esbozo que se hace de un proceso de resolución se habla de dos mesas:una entre el Gobierno y ETA y otra entre los partidos políticos. ¿Dónde se ubicaría la aportación del Colectivo de Presos?.
B.S.: Hay que entender que el Colectivo siempre aporta.
J.F.L.: Basta con ver, por ejemplo, las luchas que se hacen en las cárceles. Con eso, el Colectivo marca también el camino. Yhay una aportación más intemporal, si se quiere: su propia existencia es ya una demostración clara de que aquí hay un conflicto político. Otra cosa que hay que añadir:en la calle todo el mundo admite, desde la izquierda abertzale hasta los dos estados, que en torno al Colectivo hay un núcleo muy fuerte formado por familiares, amigos... Que ese Colectivo se posicione a favor o en contra de un proceso de resolución es algo muy importante: para los estados, debe ser una garantía de que el proceso avanza. En resumen, yo diría que el Colectivo está dispuesto a ayudar en un proceso de resolución democrática. Pero no respaldará una seudosolución, de tipo autonómico por ejemplo.
U.E.: Es muy importante, por ejemplo, la manifestación de voluntad del Colectivo a los estados. Les ha dicho que está dispuesto a hablar con ellos sobre el estatus político. Habrá que ver si los gobiernos tienen voluntad para ello, pero con ello queda claro cómo el Colectivo hace su aportación, pone lo suyo sobre la mesa. Es una cuestión que se pone en la agenda y que no se ha tachado.
¿Desde la calle se hace todo lo que se puede o se debe en favor de los presos? ¿Hay alguna crítica que hacer?.
U.E.: Sin duda. Ahora vemos que los sindicatos se han movido, pero los partidos políticos no lo han hecho. Casi todo el peso recae siempre sobre la izquierda abertzale.
J.B.: ¿Qué está haciendo el PNV, por ejemplo? ¿Y EA? Avanzan muy despacio. Con la situación que hay en las prisiones, lo que hacen queda siempre muy flojo. Y cuando lo hacen es porque la izquierda abertzale les está pinchando y no les queda otro remedio. Si se movieran, eso sería también muy importante para avanzar hacia la solución.
J.F.L.: Junto a la crítica, también tenemos que felicitar a quienes, en cualquier contexto político, trabajan en los pueblos y barrios, a los familiares... Todo eso es muy importante para los presos y hay que agradecerlo. La dinámica abierta con el texto de Ibaeta también es muy importante, porque se tiene en cuenta el carácter político de los presos. Hay que ir potenciándolo sector a sector, localidad a localidad. Este trabajo permitirá una nueva fusión de fuerzas potente.
Pero parece claro que Ibarretxe, por citar un ejemplo, nunca irá a una cárcel a reunirse con presos políticos vascos...
J.B.: No irá, pero cuando habla él o cualquier otro representante del PNVqueda cada vez más claro que aquí hay un conflicto político y que los presos están en la cárcel por motivos políticos. Y, además, si se quiere buscar una solución al conflicto político habrá que hablar con los presos. Por eso, reconocerlos como agente político sería un paso importante.
J.F.L.: Sabemos que la clave de la solución es la libertad de Euskal Herria y no la situación de los presos, pero hay que pasar por este punto para encontrar esa solución, y es mejor entender que los presos pueden ser un activo y no una carga.
Bitoria: «Sacas fuerza de casa, amigos y compañeros».
Preso desde 1988 hasta el pasado 18 de noviembre, para Jon Bitoria el peor momento fue en Almería, donde se le diagnosticó un problema de ansiedad. «En esos momentos, la fuerza sale de casa, de los amigos y de un compañero de prisión. Con la lucha, conseguimos luego que nos reagruparan en un módulo, y entonces, a los cuatro meses me mandaron a Granada. Poco a poco fui saliendo adelante».
Lefort: «Esta vez he conocido qué es el Colectivo».
Para Jean-François Lefort, ésta ha sido la tercera estancia en prisión, y pese a la dureza de dos largas huelgas de hambre (ha perdido cerca de 20 kilos en sólo un año) halla un motivo de satisfacción que remarcar: «Las dos veces anteriores estuve solo, y en ésta he conocido qué es el Colectivo. Este ha sido un cambio fundamental; no sólo es algo que te da compañía, sino que te permite estar activo como militante».
Errea: «Es ridículo que París aparezca así ante el mundo».
Unai Errea deja atrás ocho meses en prisión acusado de entregar documentos a un preso. Por encima de su situación personal, sale indignado por el estado de las cárceles: «Es ridículo e indignante que el Estado francés siga presentándose ante el mundo como abanderado de los derechos humanos. Ahí está el informe de Gil Robles sobre sus prisiones: estás todo el día en la celda, hay suciedad, maltrato...».
Sebastián: «Todos los días encuentras algo que es el colmo».
Salió el 11 de diciembre de Valencia, tras 20 años y muchos ayunos; uno, en Badajoz, de 49 días: «Allí, tras estudiarnos nos juntaban para enfrentarnos, pero les falló porque dos por dos no son siempre cuatro. Con la lucha rompimos esa táctica». Tras estos años, ¿aún hay gotas que colman el vaso? «Sí, cada día. Los funcionarios venían a incordiar y yo les decía ‘venga hombre, que no me he caído de un guindo’».