Cuento cutre para la Navidad. Txotxe Andueza.
Por ello, y aunque tarde, al parecer es el tercer año que la emprenden los aguerridos guardias contra Olentzero, al final se ha sabido quién era el malasombra que año tras año agredía a Olentzero.

Los cuentos, las películas, las canciones que pensadas para la Navidad generalmente suceden precisamente en esas fechas, en pequeños pueblos apartados de las ciudades y rodeados de montañas. Suelen tener por protagonista a un personaje mítico que, por lo general, representa el Bien, con toda su moralina. Y también, para crear cierta tensión narrativa y para demostrar la supremacía del Bien, la historia suele contar con la participación de los malos. Seres que sin ninguna razón evidente se dedican a jorobar al bueno. Pues bien, lo sucedido en Nochebuena en Areso responde, punto por punto, a los elementos básicos de un cuento de Navidad. En versión cutre si quieren, pero cuento al fin y al cabo.
No es un chiste, aunque realmente mueve a risa; tampoco es una tragedia, más nos valdría a todos si el benemérito cuerpo hubiera dirigido siempre sus correrías contra entes inanimados, por muy míticos y entrañables que sean; pero es una intromisión del malo en «las ilusiones infantiles, en el clima de paz y amor de estas fechas, y en el importante quehacer del carbonero bonachón». Vamos, de lo que siempre tratan los cuentos.
Los picolos no se enteran de lo que pasa a su alrededor. No saben siquiera que por buen rollito que haya en las casas en Nochebuena, cada vez se extiende más la costumbre de salir a juntarse con los amigos. También en Areso. Por ello, y aunque tarde, al parecer es el tercer año que la emprenden los aguerridos guardias contra Olentzero, al final se ha sabido quién era el malasombra que año tras año agredía a Olentzero. En el pueblo no sabían si reír o llorar y han optado por el camino del medio y han puesto una denuncia. Y bien hecho está, aunque será difícil que quienes pueden infringir dolor a seres humanos en la impunidad vayan a pagar por esta fechoría. Y es que ni siquiera sumando talante a espíritu navideño puede esperarse justicia ante los del tricornio. Ni ante «responsables» políticos como los del Ayuntamiento de Iruñea, que además de prohibirlo en muchos lugares, ordenaron poner un cepo al vehículo que debía transportar a Olentzero en su recorrido por Sanduzelai.
En los cuentos, el malo queda al descubierto, se da cuenta de su error y se alía en la tarea del bien. Aquí y ahora, suerte tendrá Olentzero si no tiene que pagar fianza para librarse de la trena.