La deuda sigue pendiente. Txotxe Andueza.
Lakua daba a conocer ayer una declaración pública con motivo del 20 aniversario de la muerte de Mikel Zabaltza. El propio tripartito dice sobre esta declaración que es «sólo un ejemplo de la recuperación de la memoria histórica que aún tenemos pendiente de realizar».

Apenas una semana después de haber limitado el campo de acción de la Ponencia de Víctimas del Parlamento de Gasteiz a las ocasionadas por las acciones de ETA, GAL y BBVE, Lakua daba a conocer ayer una declaración pública con motivo del 20 aniversario de la muerte de Mikel Zabaltza. El propio tripartito dice sobre esta declaración que es «sólo un ejemplo de la recuperación de la memoria histórica que aún tenemos pendiente de realizar», una deuda que, según el texto, tiene la sociedad «con las víctimas, sean de donde sean y sean quienes sean los autores de sus asesinatos o muertes». Una frase que pudiera resultar impecable, siempre que se aislara del contexto de la propia declaración y del contexto político e institucional en el que se inscribe.
Pero la trayectoria de los gobiernos instalados en Lakua, y sin ir más lejos el actual, si es ejemplo de algo en lo que se refiere al tratamiento que concede a las víctimas que el conflicto político genera en Euskal Herria, es ejemplo de discriminación y de negación. Y la decisión de acotar la Ponencia de Víctimas ha sido la última expresión de esa trayectoria, que ha dejado fuera, entre otros, a quienes ahora Lakua recuerda en su declaración: Mikel Zabaltza y los cinco obreros muertos en Gasteiz un 3 de marzo de hace treinta años.
Lakua parece querer ventilar con un discurso «políticamente correcto» una decisión que en la práctica lo contradice de raíz. Y más que empezar a pagar la parte que le corresponde de la deuda social para con quienes han sufrido y sufren las consecuencias de la negación de derechos que está en el origen del conflicto, el tripartito ha dejado más si cabe en evidencia lo mucho que falta para que en este país se asuma en la práctica la tarea de cerrar democráticamente ese conflicto político, y, con ello, pagar de verdad la mayor de las deudas para con este pueblo, que no es otra que la de poner punto y final a la tremenda lista de su victimario.
La cuantía de la deuda sigue en el mismo montante en que lo estaba antes de esta declaración, en la que, el Ejecutivo de la CAV, sigue empeñado en situarse en el fiel de la balanza de dos violencias, pero lejos, muy lejos de asumir su responsabilidad en actos de violencia que han generado víctimas, a manos de una Ertzaintza que, como Lakua reclama a otros, tiene también muchas verdades que revelar.