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TORTURAREN KONTRAKO TALDEA

TORTURAREN KONTRAKO TALDEA

Grupo contra la tortura de Santurtzi (Euskal Herria).

Miércoles, 30 de noviembre de 2005

Hablaré con ella sin nombrarla. Fermín Gongeta - Sociólogo.

Detenciones, farsas de juicios, cárceles, torturas, arbitrariedad e impunidad. Ese es su derecho, el derecho del más fuerte. El Estado español no es un Estado de Derecho, sino el resultado de una simple y a la vez profunda herencia impositiva fanática y autoritaria perpetuada por el miedo.


Hablaré de ella, pero sin nombrarla, porque no nos dejan.

El más fuerte no lo es siempre demasiado, como para poder ser constantemente amo o señor, ni aunque tuviera descendencia infinita. Por su misma impotencia, se ve obligado a transformar su fuerza bruta y animal en lo que el llama derecho; y nos obliga también a confundir la obediencia con el deber del súbdito, y a confundir sus intereses con las razones de Estado.

El Estado, y todos sus estamentos, establecen la ley del más fuerte, tomado irónicamente, en apariencia para los subordinados, pero que gobernantes y políticos lo tienen establecido como principio y derecho inalienable, permanente e indiscutible.

«El derecho del mas fuerte». ¿Se nos podrá explicar alguna vez esa frase?... Porque si la fuerza es una potencia física, no veo qué moralidad se puede extraer de sus efectos... Ceder a la fuerza es un acto de necesidad, no de voluntad; todo lo más, puede llegar a ser un acto de simple prudencia.

Concluye J. J. Rousseau en “El Contrato Social” que cuando la fuerza pretende transfor- marse en Derecho, ésta ­la fuerza­ conculca y vulnera gravemente a la persona, porque la fuerza nunca hace derecho.

Así, cuando el PSOE, como antes lo hiciera el PP, y cualquier otro partido en el gobierno del poder, «se felicita porque el Estado de Derecho ha funcionado» en un determinado momento, únicamente quiere decir, en su ignorancia, soberbia y osadía, que ellos han sabido atemorizar, utilizando «de manera profesional y adecuada» cualesquiera o todas las fuerzas de que disponen, sea la Guardia Civil, la Policía o la Ertzaintza.

Me gustaría hablar de ella, sin nombrarla. Pero tampoco creo que sea necesario.

Los poderes autoritarios, déspotas y fascistas, elaboraron, y continúan haciéndolo, leyes, con las que pretenden justificar sus infamias y desmanes contra la libertad, repitiendo hasta su propia afonía, el torpe alegato justificativo, de que sus actos son buenos puesto que responden a la ley, y que esa ley, la del poder, la de ellos, es el único Derecho.

No lo saben porque su torpeza mental y sus intereses no se lo permiten. El Estado español no es un Estado de Derecho. Es un Estado construido con su único derecho, efecto de la ley, del miedo, y de lo que es peor aún, sobre la miseria física e intelectual de quienes únicamente pretenden quedar bien con el poder.

Detenciones, farsas de juicios, cárceles, torturas, arbitrariedad e impunidad. Ese es su derecho, el derecho del más fuerte. El Estado español no es un Estado de Derecho, sino el resultado de una simple y a la vez profunda herencia impositiva fanática y autoritaria perpetuada por el miedo.

Hablaré de ella, sin nombrarla.

Pero, por ella, habrá que continuar gritando que un Estado es únicamente de Derecho, cuando respeta y defiende los valores más esenciales y universales de dignidad, de igualdad, de libertad y de justicia. Renunciar a ellos es abdicar de nuestra condición y dignidad humana.

En nombre de la seguridad de unos pocos, de su economía, y de su hacienda, que atesoran, roban, hipotecan y con frecuencia pierden o dila- pidan; en nombre de las industrias que dejan destruir, los poderosos del supuesto Estado de Derecho, nos someten a la muerte lenta del desempleo, de la persecución, del control, de la cárcel. Y siempre solicitando de nosotros la responsabilidad y obediencia que ellos debían cumplir y no lo hacen.

El orden que nos ofrecen los gobiernos es como la ley de los hospitales que, hechos para sanar, son quienes tienen el mayor índice de defunciones.

Hablaré de ella sin nombrarla.

Porque la ejercemos cada día frente al poder.

Y, aunque sean sencillos y copiados de Moustaki, te ofrezco estos versos, Ziortza Fernández Larrazabal. ­Tal vez continúes en Puerto­.

A ti, a los del sumario 18/98, a todos los de los sumarios abiertos, a quienes cierran en falso los sumarios como heridas engangrenadas, a sus madres, padres y amigos. A los que esperan que se les abran sumarios, a quienes les defienden, a tantos y tantos...: «Quisiera, sin nombrarla/ rendirle homenaje/ a esa flor de mayo/ a ese fruto silvestre/ a esa planta enraizada/ en la justicia y constancia/ y que trabaja en libertad/ allí donde se la necesita».

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