Curioso y chocante. Gloria Rekarte (ex presa política).
No deja de ser curioso y chocante que al juez Blázquez no se le ocurra mejor argumento para archivar una denuncia de torturas, que el de explicar que es por venganza y que el único fin de estas denuncias es minar la labor de las fuerzas de seguridad del estado. Ya es de peso, ya.

Habida cuenta del archivo sistemático de cientos y cientos de denuncias por torturas, de los indultos y condecoraciones otorgados en los poquísimos casos en que ha habido condenas por torturas, del tratamiento que la tortura tiene en los medios de comunicación; de la indiferencia cuando no desprecio con que el tema se resuelve en las instituciones, qué duda cabe de que interponer una denuncia por torturas es algo que mina considerablemente la labor de las fuerzas de seguridad del estado y, seguro además, las desmoraliza. El denunciante en este caso la denunciante, se venga un montón de quienes le han detenido.
Pero aún hay más: esa particular concepción de los Derechos Humanos, según la cual los detenidos no los tienen o al menos no los tienen los detenidos políticos. Y menos que ninguno, el de la presunción de inocencia. Si se les acusa es porque son culpables y si son culpables no tienen derechos. Pero el magistrado Blázquez no es ni con mucho el único que piensa así, y la mejor muestra es que los autos que recogen tanto desafuero, no han levantado ningún revuelo en el estado español. Lo que levanta revuelo, lo que despierta la indignación, lo que se califica como atentado contra la democracia, son otros hechos. Los que exigen, por ejemplo, la repatriación de los prisioneros políticos que es otro de los derechos que tampoco tienen. Y es que Derechos Humanos claro que sí, pero condicionados, manejables, moldeables... adaptables. Elásticos. Con excepciones, restricciones, justificaciones.. A la medida del estado y de sus funcionarios.
Y casi es lógico que quienes piensan así, se sientan autorizados a seguir pensando de la misma manera y se crean con legitimidad suficiente para actuar además en consecuencia si es un juez quien lo afirma y lo firma. Pero no les iría nada mal a ninguno de ellos darle un repaso a los considerandos del Preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Con el tercero basta si la lectura entera les produce mareos y úlcera de duodeno: «Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión».
Más que nada porque les resultará curioso y chocante, digo yo, ver en la propia Declaración a qué nos vemos compelidos.