A Santi. Gotzone y Errose Erezuma - Egia, Justizia eta Oroitzapena.
Este basauritarra, militante de ETA, detenido en varias ocasiones, fue apresado junto a Javier Goldaraz en Iruñea el 19 de junio de 1992. Ingresados en el hospital de Navarra, denunciaron torturas por parte de miembros de la Guardia Civil.

La vida de Santiago Díez Uriarte es una más de la larga lista de militantes vascos muertos en el duro proceso de lucha por la libertad de Euskal Herria. Este basauritarra, militante de ETA, detenido en varias ocasiones, fue apresado junto a Javier Goldaraz en Iruñea el 19 de junio de 1992. Ingresados en el hospital de Navarra, denunciaron torturas por parte de miembros de la Guardia Civil. Naturalmente, la Audiencia Provincial de Pamplona decretó su archivo. Después, dispersión, huelgas de hambre, enfermedad, y por fin muerte un 27 de octubre de 1997. Unos meses antes fue excarcelado por el art. 92, cuando su dolencia era irreversible. Muerte por «causas naturales». Pero examinemos las circunstancias.
Santi se encontraba en la prisión de Castellón cuando en octubre de 1996 descubrió un pequeño bulto bajo su mandíbula. En situaciones normales se solicitaría un análisis pormenorizado para descartar la existencia de una tumoración maligna, pero el médico penitenciario restó importancia al bulto y diagnosticó un quiste salivar. Naturalmente, unos meses más tarde el bulto se había convertido en un tumor submandibular del tamaño de una naranja. Entonces se le trasladó apresuradamente a Alicante, donde fue sometido a una biopsia que certificó la gravedad del caso. Santi falleció en el hospital de Basurto, donde fue sometido a radio-quimioterapia sin resultado positivo, dado el avanzado estado del cáncer.
Lo que le sucedió a Santi constituye un proceso que podemos considerar normal, en las cárceles españolas y con los presos políticos vascos. Las condiciones de las prisiones favorecen la aparición de enfermedades, los diagnósticos erróneos o la falta de atención agravan las dolencias. Instituciones Penitenciarias mantienen a los presos enfermos en condiciones inhumanas como chantaje a ellos y sus familias. Al final, los libera para que puedan morir en casa, y el Estado se lava las manos. Si se denuncia a los responsables, las sentencias son favorables a los carceleros.
Los familiares de Santi se dirigieron a la Ponencia de Víctimas de la Comisión de Derechos Humanos del Gobierno de Gasteiz: «Santi no tuvo una oportunidad para luchar contra la enfermedad y le condenaron a morir. Por eso, queremos denunciar a la dirección de la cárcel de Castellón y al médico que atendió durante aquel tiempo a Santi, por abandono y negligencia médica, siendo ambos los responsables de que su enfermedad fuera irreversible con resultado de muerte. Así mismo, queremos denunciar la política de Instituciones Penitenciarias, dirigida por los estados español y francés, que permiten la desatención médica como arma contra el colectivo de presos políticos vascos, ya que al no poder doblegarlos en sus convicciones y su lucha a favor de los derechos de Euskal Herria tratan de aniquilarlos uno a uno en las duras condiciones de vida carcelaria».
Este informe sigue siendo de actualidad, pues la situación carcelaria no ha cambiado. Incluso podríamos decir que se ha agravado ya que la política de dispersión y el trato dado a los presos ha conducido a la muerte o a sufrir graves heridas también a sus familiares. Y tienen la desfachatez de exigir condenas a la «violencia», cuando la política penitenciaria es la maquinaria más poderosa y vil inventada por el Estado para infligir violencia, dolor y sufrimiento a los militantes políticos y a sus allegados, con la clara intención de conseguir objetivos políticos.
Ofrecemos nuestra solidaridad a la familia de Santi en el aniversario de su fallecimiento. Pedimos a nuestro pueblo que no ceje nunca en la lucha por la justicia y la verdad, así como en la exigencia de responsabilidades por esta y otras muertes. Tenemos una gran deuda con ellos.