La ertzaintza de Rubalcaba. Izarra Gisasola - Getxo.
Entran en casa con escudos y metralletas, apuntándonos a todos. Aquí empezó su protocolo. Mi madre, mi hermana y yo, a empujones al descansillo, donde estuvimos dos horas, descalzas.

Señor Rubalcaba o «aquí en España», la Policía vascongada no tortura y los jóvenes vascos hacen declaraciones contra ellos mismos en sus comisarías tras desayunar zumo con tostadas y un café con leche, después de dormir 9 horas. Esto no se lo cree nadie, y menos usted, pero reconocerlo llevaría consigo la dimisión, y para eso hace falta mucha dignidad.
Yo he sido testigo de esas alteraciones de la paz de los hogares vascos, como otras personas, entre ellas militantes de su propio partido, hoy en día padres y madres de presos políticos. Le voy a contar una historia. Ocurrió en octubre de 2003, en mi casa como en otras muchas de Margen Izquierda. El 12 de octubre, desayuno en familia y, de repente, un mazazo en el portal. Portal destrozado, el vecindario y barrio testigos. Tapan las mirillas de las puertas, pero los gritos y golpes no se pueden disimular. Mazazos en nuestra puerta al grito de ¡Policía!
Entran en casa con escudos y metralletas, apuntándonos a todos. Aquí empezó su protocolo. Mi madre, mi hermana y yo, a empujones al descansillo, donde estuvimos dos horas, descalzas. Mi madre, con un ataque de nervios, les pido una silla y me contestan que se siente en el descansillo. Luego, desmantelaron nuestra casa: habitaciones, cajones, todo al suelo. A la media hora llega el secretario judicial, guardando el orden. Tres horas después, con la casa destrozada, sacan una caja de cartón donde dicen que hay material de kale borroka. Se niegan a enseñarme su contenido, porque esa caja era para las televisiones que alguien había convocado. En la caja había cintas de vídeos, música, fotos de pequeños cantando Olentzero y Agate Deuna con la ikastola y objetos personales. Cinco días después sabemos por nuestra abogada que mi hermano declaraba en Madrid: ojos hundidos, pálido, sucio, nervioso, pero con esa tranquilidad que da la dignidad. Llevaban cinco días sin comer ni beber, oyendo música a tope y sin dormir, horas en cuclillas contra la pared, amagando con violaciones, golpes y amenazas, oyendo al resto de detenidos gritar, ingresos en hospitales... Todo esto demuestra que los detenidos y sus familiares estamos locos, y nos hemos puesto de acuerdo para inventarnos lo mismo, y por eso, cuando el trato ha sido correcto también lo hemos dicho.
Por sus palabras deduzco que usted piensa que una parte de Euskal Herria se ha vuelto loca, pero ya van siendo varias las generaciones de vascos y vascas qe vienen denunciando torturas en cualquier tipo de comisarías, incluyendo las de la Ertzaintza, que son justo las que usted, por motivos obvios, quiere salvar.
Si son ustedes tan demócratas y respetan los derechos, no apliquen la legislación antiterrorista, y si tan seguro está usted del trato en las comisarías de la Ertzaintza, ¿por qué han tardado tanto en aprobar poner cámaras?
Por último, cuando EiTB informa de esas operaciones policiales con números exactos de detenidos, tendría que comunicar también cuántos de ellos son luego puestos en libertad.