Andalucia: POLICÍAS EQUIVOCADOS. Santiago Delgado.
Hay dos casos policiales en este verano, que hacen replantearse la profesión de policía, sin muchas expectativas de hallar solución válida. Son, citadas por el orden de aparición en la actualidad, la muerte del brasileño Menezes en Londres, tras los atentados terroristas del 7J, y la muerte, asimismo, del labrador Juan Martínez en Roquetas.

Hay dos casos policiales en este verano, que hacen replantearse la profesión de policía, sin muchas expectativas de hallar solución válida. Son, citadas por el orden de aparición en la actualidad, la muerte del brasileño Menezes en Londres, tras los atentados terroristas del 7J, y la muerte, asimismo, del labrador Juan Martínez en Roquetas. Ambas muertes han tenido responsabilidad policial. En el primer caso, directamente, con siete tiros en la cabeza provenientes de la pistola de un funcionario de Scottland Yard. En el segundo, tras el violento forcejeo con varios números de la Benemérita, en la propia casa cuartel de la Guardia Civil. Hoy trataremos el primero.
Dos versiones en el primer caso: Una, iba con un abrigo abultado en Agosto y tenía rasgos árabes. Huyó cuando se vio perseguido. Dos, era brasileño, confundido con árabe, no sabía que lo seguían, y fue acribillado en su mismo asiento del Metro, cuando leía la prensa gratuita. Su única conexión con el terrorismo era vivir en el mismo bloque que un sospechoso. Que fue confundido es evidente. En ambos casos, la única fuente de conocimiento que lo identificaba con el terrorismo era, o fue, el criterio personal del policía más cercano, que determinaba su etnia árabe. Todo el prestigio de la Policía Británica dependiendo de los conocimientos que sobre rasgos faciales tuviera un agente, que a lo peor aprendió lo que sabe sobre razas en los cromos del chocolate de cuando era pequeño.
Ése es el error principal. Una identificación visual, impresionista, subjetiva. Para la mentalidad de un policía blanco, anglosajón y protestante, británico por demás, tanto dan los rasgos de un afroamericano de quinta o sexta generación, como los de un árabe. En el buen entendimiento de que árabe para el tal observador es algo que comprende desde un magrebí a un malayo.
Otro error de este caso es haber asimilado las técnicas represivas de la policía israelí para con los terroristas palestinos: disparar a la cabeza. Si el cerebro no rige, ningún músculo se mueve. Esta salvajada no es presentable en un Estado de Derecho. Su nivel de respeto a los derechos humanos es similar a las ejecuciones por ahorcamiento a homosexuales en Irán o lapidación de adúlteras en Arabia Saudita. De Israel, en antiterrorismo, no hay que aprender nada.
Sigamos: siete disparos, siete, dirigidos a la cabeza. El octavo le dio en el hombro, con el sospechoso ya muerto. Ocho tiros. Ahí hay odio, venganza. Si hay odio y venganza, no hay justicia. Hay pasión.
Así pues, de ser cierta la versión filtrada de la muerte del brasileño Menezes, sentado en el Metro, estamos ante un caso de racismo, desprecio a los derechos humanos y venganza con odio. Todo lo que un policía debe evitar.
Pienso que las películas de Hollywood han actuado más que las materias de formación regladas que el policía del que hablamos debió recibir en su Academia. No me extraña. La televisión y el cine son los grandes formadores de hoy, de niños, de jóvenes y de adultos. Los sistemas educativos y los esfuerzos de formación de profesionales de cualquier tipo son prácticamente nada, al lado de la fascinación de la pantalla, pequeña o grande. Vale.