Andalucia: El PSOE urge la salida de Arruche. Editorial ABC.
"Las explicaciones de Gómez Arruche fueron insuficientes y no estuvo a la altura de las circunstancias".

El autor de la frase no es un dirigente del Partido Popular, sino el secretario de Organización del PSOE, que ayer atizó el debate sobre el «caso Roquetas», coincidiendo casi letra por letra con lo expresado por Mariano Rajoy el día anterior. En realidad, lo que José Blanco azuzó fue el enfrentamiento que divide al PSOE desde que Arruche, un militar, fuera designado director general de la Guardia Civil. Una parte sustancial del partido estaba en contra de romper la reciente tradición de que un civil mandara en la Benemérita y lo ocurrido en la casa-cuartel almeriense parece la excusa perfecta para desandar el camino emprendido hace un año. Más aún, voces de referencia en el PSOE aprovecharon la muerte de Juan Martínez, y los malos tratos que recibió, para reavivar el debate sobre la desmilitarización del Cuerpo.
Ni los errores de Arruche ni los excesos cometidos por el responsable del acuartelamiento, sometidos a investigación judicial, deben ser coartada para variar la naturaleza militar de la Benemérita.
Lo cierto es que tras las palabras de Blanco -que vino a animar a Arruche a presentar la dimisión con un más que explícito «cada uno debe saber cuál es su actuación en el futuro»- poca alternativa deja Ferraz al director general, pues al débil apoyo que el ministro Alonso le expresó en su comparecencia parlamentaria hay que añadir que la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, se negó dos veces en su reciente gira iberoamericana a expresar el respaldo del Gobierno al director de la Benemérita.
Pero el rifirrafe endógeno que se vive en las filas socialistas no puede ocultar la gravedad de los hechos acaecidos en Roquetas, ni las múltiples dubitaciones, impericias y errores cometidos por el Gobierno en la gestión de este asunto. No sólo falló Gómez Arruche; el Ejecutivo tampoco estuvo a la altura de las circunstancias: opacidad en la revelación del suceso, falta de reflejos, tardanza en rendir cuentas ante el Congreso (donde Alonso casi acudió a rastras) y mensajes claramente contradictorios entre el ministro y el director general. Ahora, Ferraz urge a Moncloa para que releve a un Arruche ya casi amortizado. Pero la pelea es otra.