Andalucia: Blanco contra Bono. Editorial La Razon.
El «caso Roquetas» registró ayer un inesperado giro político tras las declaraciones del secretario de Organización del PSOE, José Blanco, según el cual las excusas pedidas por el director general de la Guardia Civil, Carlos Gómez Arruche, son «insuficientes».

El «caso Roquetas» registró ayer un inesperado giro político tras las declaraciones del secretario de Organización del PSOE, José Blanco, según el cual las excusas pedidas por el director general de la Guardia Civil, Carlos Gómez Arruche, son «insuficientes». En opinión del número dos socialista, el máximo responsable de la Benemérita realizó unas declaraciones «desafortunadas» y «no estuvo a la altura de las circunstancias». Dicho de otro modo, Blanco ha sentenciado políticamente a un director general del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Y lo ha hecho, además, después de que el líder de la oposición, Mariano Rajoy, declarara taxativamente: «Gómez Arruche no puede estar ni un minuto más en su puesto». Más ampliamente, Rajoy ha denunciado que el Ministerio del Interior hizo mal las cosas, «gestionó mal la crisis», que el Gobierno no defiende a las Fuerzas de Seguridad y que la relación entre Defensa e Interior es «manifiestamente mejorable».
Cuando un personaje político como José Blanco acaba dándole la razón públicamente al líder de la oposición, es que o bien el escándalo es imparable o bien se han desatado a plena luz nuevas hostilidades entre PSOE y un sector del Gobierno de Zapatero. En este caso, se conjugan las dos circunstancias y José Blanco ha dado carta de naturaleza a un conflicto con el ministro de Defensa, José Bono, que fue quien promovió el nombramiento de Gómez Arruche al frente de la Guardia Civil y ha ejercido como su protector frente a otros sectores del Gobierno.
Más allá de los aspectos concretos del «caso Roquetas», el «caso Gómez Arruche» añade más leña al fuego de las serias discrepancias que agitan internamente al Gobierno de Zapatero, el cual debe emplear parte de su escaso tiempo a ejercer de bombero entre sus ministros, entre éstos y sus aliados políticos nacionalistas y entre los primeros, los segundos y los barones socialistas de las comunidades autónomas. Un guirigay ahora notablemente enriquecido por las declaraciones de José Blanco.
Además, el número dos del PSOE parece haber elegido cuidadosamente el momento de realizar su crítica demoledora: en vísperas de la comparecencia de Bono en el Congreso para explicar la tragedia del «Cougar». A nadie se le escapa que el general Gómez Arruche fue premiado con el cargo de director general de la Benemérita a pesar de su polémico papel en la catástrofe del Yak-42, en la que murieron 62 militares y pese a las denuncias del anterior ministro de Defensa, Federico Trillo, que lo señalaba como uno de los máximos responsables del transporte que terminó en tragedia. Bono llegará hoy al Congreso mucho más debilitado de lo que esperaba, gracias al segundo de a bordo de su propio partido. Tras una semana de sobreactuaciones y de efectismos escénicos, a Bono se le acaba el cuartelillo y la oposición le aguarda hoy mientras en su partido se frotan las manos.