Argentina: El empleado que “vio a un policía dispararle por la espalda a Santillán” se suicidó tras ser amenazado.
JUICIO POR LA MASACRE DE AVELLANEDA, 33º AUDIENCIA.

Audiencia 33°.
Gustavo Misca atendía el locutorio que está dentro de la estación de Avellaneda, donde agonizó Kosteki y fusilaron a Santillán. Graciela Tinco, quien trabajaba allí, en uno de los comercios, declaró hoy que Gustavo, ni bien terminaron los sucesos le dijo “ví como un policía le disparaba por la espalda a Darío Santillán”. Sugestivamente, Misca se suicidó al poco tiempo. Su declaración testimonial se leerá el martes..Ese aire de amenazas, temor y muertes confusas traspasó todas las declaraciones de los empleados de la estación. Un suicidado, un joven que no soporta viajar en tren y un empleado bajo tratamiento psiquiátrico es el resultado de las constantes amenazas sufridas por los testigos presénciales del fusilamiento de Santillán.
Graciela Rey, otra empleada de la estación, contó hoy que tanto ella como Misca, habían sido amenazados por dos hombres, el 27 de junio de 2002 –un día después de la Masacre-. “Dos personas vinieron y nos dijeron “acá nadie vio nada por los gases” y agregó que a Gustavo le dijeron “si hablas te quemamos”. Finalmente, Misca se suicidó.
Martín Sicka, -cortaboletos, quien fue echado por Metropolitano tras los sucesos de aquel 26- fue alcanzado por un disparo de perdigones de goma en el patio. El empleado quedó a dos metros de donde cayó –herido de muerte- Darío Santillán. “Detrás de Santillán, vi que venían policías. Me acuerdo de uno de pantalón azul claro, de fajina”. De los policías que aparecen en las imágenes corriendo, el cabo Acosta es el único que usaba ese tipo de ropa. Sicka fue quien limpió el patio una vez que se llevaron a Santillán. Aseguró que lo hizo por su propia decisión. Sin embargo, quien lo ayudó. Dalmiro Guayamas aseveró que un policía les dijo “esto hay que limpiarlo”.
Antes de que comience la limpieza, junto a Santillán aparecen en una imagen los policías Fanchiotti, Acosta, Quevedo, Colman y Paggi. El cartucho rojo de posta de guerra con el que fuera impactado está aún allí. Los empleados de Metropolitano negaron haber visto o tocado tal cartucho. “Algún policía lo sacó antes porque ellos mismos los habían disparado” consignaron abogados de la querella. Al jefe de la estación, Hernán Balacco -quien llegó allí cuando ya todo estaba limpio- le llamó la atención que la policía “no vallara ni aislará la zona y diera la orden de limpiar las manchas de sangre”. Estás declaraciones fueron obtenidas con gran esfuerzo por la fiscalía y la querella. Los empleados, tras confesar las amenazas y despidos que sufrieron, no se mostraban muy abiertos a brindar información. En todos los casos, quedó la sensación de que vieron mas de lo que dicen. Otro empleado, Ambrosio Altamirano, sufrió una descompensación mientras esperaba para declarar. Fue derivado al psiquiatra forense. Fue desestimado dada su situación psíquica.
José Barboza vivió la represión en sentido inverso que el resto. El estaba arreglando las cámaras del circuito cerrado, sobre los andenes, que en la estación de Avellaneda están elevados. “Comenzaron a arderme la garganta y los ojos, entonces empecé a bajar por las escaleras. Un montón de gente intentaba subir para tomar el tren y escapar. Cuando estoy saliendo, veo a un policía que dispara hacia arriba. Me hice a un lado y sentí la ráfaga de aire a mis espaldas”. Barboza será citado nuevamente, cuando se expongan los videos tomados por las cámaras de Metropolitano en los andenes. Allí se ve como los manifestantes tratan de subir a los trenes y huir de la represión.