Langraitz: derechos y deberes. Mati Iturralde - Médico y Ex presa en Langraitz.
Ante todo tengo que reconocer que me ha sorprendido la respuesta del secretario general de ELA- Gizalan a mi artículo sobre la cárcel de Nanclares.

Ante todo tengo que reconocer que me ha sorprendido la respuesta del secretario general de ELA- Gizalan a mi artículo sobre la cárcel de Nanclares. En él denunciaba la tardanza en la respuesta a la muerte de 5 presos desde diferentes ámbitos. Sinceramente creo que sobrevalora mi crítica a ELA-Prisiones y a su responsable, que desde luego no conozco, y al que me referí como autor de la nota de prensa publicada, ya que mi intención era dejar en evidencia lo poco que se hace por mejorar las condiciones de vida en prisión por parte de aquellos que tienen la responsabilidad de hacerlo: Instituciones Penitenciarias, el Ejecutivo vascongado y el cuerpo de funcionarios de prisiones y fue precisamente en este orden de importancia en el que realicé mi crítica.
Y es que por lo visto la denuncia de ELA prisiones de la situación de Langraitz ha sido constante, pero tal vez no ha tenido la repercusión mediática habitual que logra este sindicato, lo que verdaderamente lamento. Lo mismo que lamento que durante mi estancia en prisión no consiguiera distinguir a los funcionarios militantes de ELA del resto, ya que de esta manera, tanto yo como mis compañeras nos hubiéramos ahorrado más de una sanción y disgusto al no tener que responder a órdenes arbitrarias, agresiones o situaciones injustas, y la cárcel se nos hubiera hecho mucho más llevadera.
Por último quisiera aclarar que el artículo no fue escrito desde mi responsabilidad actual en LAB ni motivado por ninguna dudosa consigna de la casa como sospecha el responsable de servicios públicos de ELA, sino por la deuda que contraje con las mujeres presas que dejé en Langraitz de las que aprendí muchas cosas y que se merecen que se luche por ellas y por su dignidad.
Tal vez las estrategias sindicales se puedan aplicar en muchos ámbitos de la sociedad, pero me parece que los derechos fundamentales de las personas deben quedar por encima de éstas y convertirse en una prioridad indiscutible y no manipulable en función de los intereses coyunturales de cada sindicato.