Lakua debe renunciar a la violencia. Editorial diario Gara.
La Ertzaintza no es una policía para la resolución del conflicto.

Desde que se tuviera conocimiento de la muerte de Imanol Gómez y se produjeran las primeras muestras de protesta y solidaridad, la Consejería de Interior de Lakua y la fuerza policial a su cargo han protagonizado una cascada de actuaciones de gran gravedad. Han prohibido manifestaciones organizadas en recuerdo de un conciudadano; han golpeado a personas indefensas en el suelo; han impedido que el féretro fuera llevado a Errenteria, recordando a secuestros de los cuerpos de militantes muertos efectuados por Policía española y Guardia Civil; han disparado con fuego real ante la población; y, finalmente, se aprestan a llevar a los detenidos el domingo en Larratxo a la Audiencia Nacional española. Son, en todos los casos, actuaciones de alto componente violento, que resultan totalmente gratuitas, porque tanto Consejería de Interior como Ertzaintza tienen en sus manos instrumentos de sobra para que en ningún caso pueda ser justificable ni entendible que el castigo por participar en una movilización no autorizada sea que a alguien le rompan tres vértebras, o ser detenido y conducido a un tribunal especializado en la persecución del independentismo vasco.
En los prolegómenos de la creación de la Ertzaintza, sus impulsores defendían que este cuerpo policial tendría como objetivo sustituir a Policía española y Guardia Civil en los tres territorios de la Comunidad Autónoma Vasca. Sin embargo, su trayectoria dibuja una policía complementaria que ha asumido, además, todos los errores y defectos de las policías del Estado. Pero es que además de todo ello, y muchas de las actuaciones de este fin de semana lo dejan una vez más en evidencia, desde sus inicios ha habido y hay en ese cuerpo policial agentes que odian a una parte importante de la sociedad vasca, que se han visto en alguna medida impulsados por la dirección política de la Ertzaintza.
La Ertzaintza no es una policía para la resolución del conflicto. Este fin de semana, en las calles de gran número de localidades vascas, se ha podido comprobar que el tripartito utiliza la violencia con objetivos políticos, y lo está haciendo con los instrumentos represivos que ha puesto en sus manos el Estado español. Cuando se habla de que para abordar la resolución del conflicto político en Euskal Herria será necesario constituir una mesa «en ausencia de violencia», el tripartito de Lakua deberá asumir que para que ello sea posible, él también tendrá que renunciar a su propia cuota de violencia.