Argentina: Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede.
A PROPÓSITO DE LOS HOMENAJES A LAS LUCHADORAS DE LOS 70.

El Miercoles 13 de julio fue presentado en Capital Federal el libro "BUSCADA. Lili Massaferro: de los dorados años cincuenta a la militancia montonera", de Laura Giussani. Al entrar a Diagonal Norte 943 podía observarse la emoción de los cientos de presentes, en su mayoría militantes de los 60 y los 70, quienes rememoraban la personalidad sublime de Lili.
La presentación se realizó en el Teatro del Pueblo, aquel donde décadas atrás grandes dramaturgos presentaron sus obras: entre ellos, Roberto Arlt, quién estrenó allí "30.000 millones".
Estuvieron en el panel, acompañando a la autora, Alcira Argumedo (reconocida socióloga y docente de la Universidad de Buenos Aires), Lila Pastoriza (militante de los 70) y Liliana Belloni (hija de Lili). La mesa estuvo coordinada por Marta Dillon.
"... Como una repetición de la historia... como una repetición de muertes impunes: a casi cuatro años de las mas de treinta muertes en Plaza de Mayo; a tres años de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darió Santillán en Puente Pueyrredón, casos que siguen impunes y exigiendo justicia...", destacó Laura Giussani en un momento de su intervención.
En la tapa del libro puede verse un recuadro que dice: "Buscada. Nombre: Lili Massaferro. Nacionalidad: Argentina. Secretaria General de la Rama Femenina del Movimiento Peronista Montonero". Actriz en los 50, militante Montonera en los 70, Lili fue una de las fundadoras de la Agrupación Evita, uno de los "Frentes de Masas" de la organización Montoneros. Supo ser también la mujer (compañera) del poeta y militante Francisco "Paco" Urondo. Exiliada en Europa, Lili anduvo de aquí para allá, haciendo hincapié ante los organismos de DD-HH para que el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional instalado por la dictadura militar a partir de marzo de 1976 fuera reconocido como "genocidio".
En la misma quincena en que se presentó este libro, el Equipo de Antropología Forense (creado en 1984) encontró los restos de otras grandes luchadoras: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y a María Eugenia Ponce de Bianco, quienes se encontraban desaparecidas desde diciembre de 1977. Las tres fueron secuestradas por Alfredo Astiz, quien se infiltró en la organización de las Madres bajo el seudónimo de Gustavo Niño, con el falso argumento de que tenía un hermano desaparecido para lograr la confianza de muchas de ellas.
Astiz (integrante del grupo de tareas GT-332, dirigido por el Tigre Acosta) y sus camaradas de armas llevaron a estas tres mujeres (junto con las monjas francesas Alice Domon y Reneé Leonnie Duquet, también secuestradas) a la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA).
Sus cuerpos fueron encontrados en el cementerio de General Lavalle, enterrados como NN, el viernes 8 de julio de 2005. Azucena, Ester y María Eugenia se encontraban entre las 14 mujeres que, el sábado 30 de abril de 1977, fueron a Plaza de Mayo a reclamar por la desaparición de sus hijos. De ahí en adelante se empezaría a conocer a esas mujeres bajo en nombre de "Las Madres".
La recuperación de la memoria histórica no es un acto de "nostalgia lírica", sino de resistencia: acto fundamental para avanzar en la transformación de las estructuras actuales de opresión del hombre por el hombre; allí es en donde encontramos "el eslabón roto, el nervio desgarrado de la historia nacional".