Torturari stop. Aizeti Lobo Garcia - (11/7/05).
Y me cabreo al ver que hay gente que mira hacia otro lado cuando se habla de torturas, porque gracias a esa gente hoy la tortura sigue existiendo.
No sé cómo empezar esta carta. Tengo delante mía el “Zazpika” dedicado a las torturadas, con Susana, Enero, Virginia y Sergio. Buf. Madre mía, cada vez me asusta más la palabra tortura. Quizás estaría bien empezar agradeciéndoles sus testimonios, su entereza, su fuerza y sus ganas de luchar. Gracias también a todos los que formáis parte del TAT, por vuestro gran trabajo. Afortunadamente yo no he pasado por ello, nunca me han detenido, no sé lo que es estar incomunicada, ni lo que se sufre estando en manos de esos «...», (cada uno que les califique como mejor crea). Pero vivo con ello desde que nací, hace ya unos cuantos añitos.
Mi mozo fue detenido hace unos años por la Guardia Civil, y no dejé de sufrir pensando en lo que estaría pasando. Desgraciadamente, no es el único testimonio cercano que conozco, antes que él, habían pasado por la misma situación amigos y conocidos, y es increíble todo lo que se te pasa por la cabeza, aun desde la ignorancia. También sé que si no hacemos nada, serán más los que conozcamos. A veces tengo la impresión de que nos da miedo hablar del tema, sobre esa cruda realidad, tanto las que lo han sufrido en sus propias carnes, como los demás, y no tengo muy claro el porqué.
La tortura existe, está ahí. Hay gente que no se lo cree, y sólo se me ocurre decirles que ojalá no existiese. Ni siquiera les deseo que pasen por una mínima parte de lo que han pasado los torturados para que lo crean. Simplemente les pediría que tuvieran en cuenta los testimonios de esta gente, porque ni la mente más retorcida podría inventarse algo tan escalofriante. Todavía recuerdo (nunca se me olvidará) aquel vis a vis con mi pareja. Estábamos sentados, uno al lado del otro, después de mucho tiempo sin vernos, sin tocarnos, y cuando fui a rodearle con mi brazo, él se agachó. ¡Le asusté!. Fue un reflejo sí, pero cuando sintió mi mano detrás de su cabeza, pensó que le iba a pegar. Dios, qué miedo. Sigo asustándome al intentar imaginarme de qué son capaces esos durante los cinco días de incomunicación. Y me cabreo al ver que hay gente que mira hacia otro lado cuando se habla de torturas, porque gracias a esa gente hoy la tortura sigue existiendo.
Sin más, a los represaliados políticos vascos, a o quienes formáis parte del TAT, besarkadarik haundiena. «Dicen que la libertad es un sueño,/ Mientras la realidad sea/ una dura pesadilla./ Yo quiero seguir soñando, profundamente». Por encima de muros, barrotes y kilómetros: Gora zuek!
«¿Cómo romper el cristal que nos separa a los dos?/ ¿Quién puso el dedo en tus ojos?, ¿Quién lo hará desaparecer?» (Doctor Deseo)