Un grito de dolor. Xavier Lasso - (30/6/05).
Guantánamo es una vergüenza, a estas alturas no debería ni siquiera estar en manos de los Estados Unidos.

Un grito de protesta puede acabar con mil gritos de dolor”, ese es el lema que nos propone Amnistía Internacional, a propósito del día internacional contra la tortura, para llamar nuestra atención sobre lo que está pasando en el planeta. Muchas personas ahora mismo padecen tratos inhumanos. El gobierno de George W. Bush justifica su aporte a esta lacra, a esta miseria, de las peores que en nuestras bajas pasiones hemos inventado, en la lucha contra el terrorismo.
Desde el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos ha mantenido en centros carcelarios bajo su jurisdicción a más de 70 000 personas, de las cuales ni una sola ha sido condenada. Las cosas lucen tan enrevesadas en el país de Jefferson, Hamilton y Madison, que ciertas, y no pocas, declaraciones de sus políticos espantan. El senador republicano Jon Kyl ha dicho, a propósito de las voces que se han alzado contra lo que pasa en Guantánamo, “… los presos (ahí)… están bien tratados si se compara con los occidentales capturados por terroristas en Iraq, que suelen acabar decapitados”. Basta y sobra, con esa declaración, para entender buena parte de la política exterior que, en esa materia, propone y aplica la desesperación de Bush.
Civilización es una noción que ellos mismos han sustentado, y en esa visión, con aires de arrogancia, han pretendido situarse como los mejores representantes del mundo civilizado, de lo occidental por antonomasia. Ellos los representantes de una democracia, gendarmes, apóstoles de esa democracia, ahora, por oposición y mirándose en el espejo de la barbarie, se encuentran bien, no pasa nada, están satisfechos. En Guantánamo, en sus manos desde finales del siglo XIX, territorios que se tomaron por su participación, entrometimiento más bien, en las guerras de Cuba contra España, se sospechan las peores cosas: torturas, vejaciones, degradaciones, una gama enorme de abusos y, además, no les da la gana de aceptar la intervención de organismos internacionales que, con su presencia, intentan garantizar la aplicación de todos los acuerdos que sobre la guerra se han pactado.
Dicen no, prepotentemente, amparados en que los capturados son enemigos “ilegales” y que, por último, Guantánamo no es jurisdicción estadounidense. A la hora de justificar cualquier cosa el cinismo es el mejor atajo. Pero el Tribunal Supremo de ese mismo país, los Estados Unidos, que funciona como una instancia constitucional, sentenció ya que los presos de Guantánamo deben tener acceso a los tribunales estadounidenses porque Estados Unidos controla la base. Como para que se tenga muy claro que una cosa es el Estado y otra los gobiernos, y hoy, penosamente, existe un gobierno que no le importa perder la batalla de la imagen ante el mundo.
Guantánamo es una vergüenza, a estas alturas no debería ni siquiera estar en manos de los Estados Unidos, ya no son épocas propicias para pensamientos como el del senador Orville Platt, el de la famosa enmienda que adhirió, como parásito, a la constitución cubana la tutela del país que así se inauguraba en sus afanes imperiales, expansionistas. Guantánamo no es equiparable al gulag, porque las magnitudes son distintas, cientos de miles murieron en manos de la dictadura de Stalin. Pero, hay que recuperar a Antoine de Saint-Exupèry en su Vuelo nocturno para recordar que las tragedias humanas no son estadísticas. Un solo torturado niega todo nuestro humanismo.
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