Amnistia Internacional: un Ay de dolor contra la tortura.
Calle del grito. Un grito de protesta contra mil gritos de dolor. Es la ecuación de Amnistía Internacional para denunciar la tortura y llamar la atención de las sociedades occidentales, esta vez en Sevilla.

Desde la Campana hasta la Plaza Nueva, activistas de Amnistía Internacional hicieron un alegato contra la Tortura. AI era un Ay de desgarro, un grito de protesta contra los mil gritos del dolor. Pancartas, megáfonos, firmas y un happening con el simulacro de cuatro presas vejadas por su carcelera en la puerta de Zara. Adhesión, sorpresa, indiferencia. Diferentes reacciones al despliegue de Amnistía.
No a la Tortura. "Y no al paro", decía un joven, víctima de la precariedad laboral, que repartía publicidad gratuita junto a Massimo Dutti. Por el megáfono, un voluntario pedía el cierre de Guantánamo y la supresión en el Reino Unido de la ley de prevención contra el terrorismo. Al comienzo de Tetuán, una alfombra de letras contra la tortura construida por voluntarios. Una de las que firmó sabe de qué va la cosa. Claudia es colombiana de Ipagué, Estado de Tolima, y pertenece a una ONG, la Federación Española de Enfermedades Raras. "En mi país, las estadísticas son muy opacas. Cada secuestrado es un torturado".
La señora de la pancarta animaba a gritar pero prefería no hablar, en solidaridad con las dos compañeras que genuflexas lanzaban al aire su alegato. Por todas ellas hablaba para este periódico Georgina Bodebol, coordinadora de Amnistía Internacional en Sevilla. "Denunciamos la tortura y estamos recibiendo muchos gritos en ese sentido en nuestra página web". La tortura no es un concepto ajeno en una sociedad democrática. "La tortura está en nuestros países occidentales, en las sociedades democráticas. No entramos en las consideraciones psicológicas del torturador, lo que pedimos es que no haya un torturado más, que los Gobiernos denuncien los casos y cumplan los pactos internacionales".
Guantánamo. Abu Ghraib y las cárceles de Afganistán son lugares mencionados por Bodebol como escenarios de la tortura ejercida de forma impune. "Los presos que sean acusados de algún delito, que sean juzgados ante un tribunal y en caso contrario que sean puestos en libertad. Hay que conseguir de los Gobiernos que las confesiones obtenidas mediante tortura no sean utilizadas como pruebas".
No a la Tortura. La consigna se escuchó durante casi dos horas en toda la calle Tetuán. Por la pancarta convertida en alfombra pasaba la gente con las rebajas del verano. "Es una queja", le decía un padre a su hija. Tortura Cero un día después de la Pobreza Cero. Cruzaban la cabeza de la actividad el poeta Pablo del Barco, el historiador Antonio García Baquero, el torero Miguel Báez Litri. Los miembros de AI se dispersaban por toda la calle. Alguien les hacía la competencia. Un mendigo que se pone en Tetuán recibía más dinero que nunca. Su perra Cari, apócope de Caricatura, había parido once cachorrillos negros como el azabache. "Ya se han muerto tres".
Los representantes de Amnistía Internacional no entraban en asuntos domésticos como el traslado de la tortura del ámbito público al privado en las sociedades democráticas. "No hablamos de España, sino de la tortura en el mundo, lo que nos interesa es que no haya ni un torturado más en el mundo y eso está en manos de los Gobiernos, que tienen la obligación de actuar cada vez que haya un caso de denuncias de tortura".
Cerraban las tiendas de ropa, de libros, de complementos y se acallaban las voces de la agitación. La palabra Guantánamo hacía que se detuvieran ante el happening reivindicativo un grupo de turistas. La miseria es otra forma de tortura. Y una manera de combatirla es acoger a niños de países sin recursos. Bobby Bustamante, cámara de televisión, atraviesa la pancarta con su mujer y la niña bielorrusa que pasa el verano con ellos. Van a una recepción con el cardenal de la diócesis.