Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España: “Una noticia de denuncia de tortura puede acabar con mil malas noticias”.
Amnistía Internacional quiere que los periodistas griten con ellos en contra de la tortura desde el 26 de junio desde sus medios de comunicación. Sus silencios sobre los casos de tortura, dicen, prolonga el sufrimiento de las víctimas.

Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, ha enviado un sobre personalizado a los distintos periodistas de medios de comunicación con un cartel en DINA-3 en el que se lee “Una noticia de denuncia puede acabar con mil malas noticias”.
En el reverso, el propio Beltrán pide a los profesionales de la información que asuman su responsabilidad informativa y dediquen un espacio en sus medios a la lucha contra la tortura, que se conmemoró este pasado 26 de junio. El objetivo es que la sociedad conozca las prácticas de tortura en los países denunciados y se movilice para lanzar a sus líderes políticos un mensaje de rechazo al uso de la tortura.
Y es que, según el Informe Anual de AI, muchos gobiernos occidentales han aprovechado la excusa de la seguridad en el marco de la guerra contra el terrorismo mundial para permitir formas de torturas y malos tratos sobre presos sospechosos o acusados de pertenecer a un grupo terrorista. Países como Estados Unidos, con su actuación en Afganistán o Irak, China, donde las autoridades aprovechan la “guerra contra el terror” para justificar una severa represión contra la étnia Uigur, Reino Unido o Arabia Saudí son algunos de los que, según ha detectado AI, han incurrido en el uso de torturas y malos tratos.
Uno de los casos más evidentes y flagrante es la base norteamericana de Guantánamo, donde se encuentran detenidos más de 500 personas de 35 nacionalidades diferentes desde hace más de tres años sin cargos, sin acceso a un abogado ni a un juicio. Desde que los detenidos fueron trasladados a esta base naval, el gobierno norteamericano ha utilizado todo el poder del ejecutivo para justificar el incumplimiento del derecho internacional reflejado en los Convenios de Ginebra con los prisioneros de guerra o la violación de los derechos humanos de los detenidos.
Otra organización de defensa de los derechos humanos, Human Rights Watch también ha denunciado en su último informe la utilización de leyes antiterroristas en Chile para enjuiciar a miembros de la comunidad indígena Mapuche de atentados contra haciendas y plantaciones de pinos de la región de la Araucanía.
A pesar de la gravedad de las denuncias, lo cierto es que pocas de ellas llegan a ocupar un lugar destacado en las páginas de los periódicos. Tuvo que pasar casi un año hasta que las torturas infligidas por soldados estadounidenses a prisioneros iraquíes en la prisión de Abu Ghraib consiguieron la atención de los medios de comunicación a pesar de que Amnistía Internacional y Cruz Roja habían advertido ya de algunos casos. La gran repercusión mediática no se produjo hasta que se difundieron por Internet unas imágenes escalofriantes de lo que estaba ocurriendo allí. Si se hubiera informado un año antes, se hubiera ahorrado mucho sufrimiento a esas personas.
Con esta llamada de atención, Amnistía Internacional insta a los periodistas a cumplir con su deber de informar sobre lo que la sociedad debe saber.