Archivada. Gloria Rekarte (ex presa) - [12/06/2005].
La denuncia por torturas que interpuso Unai Romano ha sido archivada. Unai Romano no fue torturado. Se golpeó a sí mismo, que como todo el mundo sabe, es lo que hacen todos los detenidos vascos. No hay que ver las fotos para saber hasta dónde son capaces de llegar algunos con tal de poner en un aprieto a las fuerzas de seguridad.

No me sorprende el archivo de la denuncia; a fin de cuentas, las denuncias por torturas se archivan sistemáticamente. En una democracia no se tortura, así que los detenidos no han sido torturados aunque se demuestre lo contrario. Pero es alarmante que el juez ni siquiera haya tenido que buscar otras y mejores explicaciones, que le haya bastado el más trillado y patético de los argumentos para dar carpetazo, una vez más, a un caso de torturas sin que la sociedad vasca haya llegado a convulsionarse. ¿De verdad alguien se lo cree? ¿De verdad alguien cree que Unai Romano se autolesionó? ¿De verdad hay quién cree que alguien puede hacerse tanto daño a sí mismo con el único objeto de poner luego una denuncia que sólo le va a acarrear acusaciones, amenazas y problemas?
Pues yo no me creo que se lo crean. Creo que quienes admiten la teoría de las autolesiones, quienes se aferran a negar por sistema la existencia de la tortura en el Estado español, quienes se permiten respirar cuando les aseguran que aquí no se tortura, no lo hacen por sufrir de altas dosis de ingenuidad ni por su ilimitada confianza en el sistema democrático. Creo que son conscientes de la existencia de la tortura, de su práctica habitual. Plenamente conscientes. Pero no van a admitirlo; unos porque no se atreven a enfrentarse a lo que esto les exige a sí mismos, a las responsabilidades que les reclama. Otros, porque la autorizan, la justifican y la aplauden, pero eso nunca puede decirse en voz alta.
No hay cuidado. Unos y otros van a poder seguir contando satisfechos cómo y cuánto defienden la democracia y el estado de derecho. Y los torturadores podrán seguir torturando. El argumento de las autolesiones y el no menos peregrino argumento de la audiometría falsificada vía ciberespacio han sido suficientes para negar lo evidente. Denuncia archivada. Una carpeta más que sumarse a la larga hilera de carpetas donde duermen los escalofriantes relatos de largas sesiones de electrodos, de golpes, de «la bolsa»; de humillaciones, de amenazas, de vejaciones sexuales; los informes médicos, las pruebas. Otra carpeta más donde el polvo intenta ahogar los gritos de los torturados. Para que ni molesten ni sacudan conciencias.